“PAPONES MÚSICOS” y “MÚSICOS PAPONES”

Artículo publicado en la revista "PREGÓN", 2019, oficial de la Junta Mayor de cofradías de la Semana Santa de León, bajo dirección de Carlos García Rioja. Págs. 60-63.
Lo que adorna la iconografía de los pasos, con los que las cofradías escenifican en las calles la Semana Santa, es fruto de una radical evolución del siglo XVI al presente. Entre todo el ornato, de las procesiones en León, está la música interpretada por las bandas que participan en ellas. Es una historia pequeña pero amplia. La de la música cofrade leonesa.
Éste aspecto es motivo del siguiente escrito, tomando como referencia la aparición, hace 60 años, de la primera banda de cornetas y tambores organizada en el seno de una cofradía leonesa, la de Jesús Divino Obrero, hermandad fundada poco antes, (1955) y que abrió una nueva etapa en cuanto a la concepción de las procesiones de la Semana Santa. Etapa nueva entonces pero que ya ha dado lugar a otras distintas.

Así, las cofradías de León comenzaron a fundar sus propias bandas. Seguiría “Minerva” y Vera Cruz en 1960, al año siguiente la de Santa Marta, en 1962 la del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, nacida en parte de la del Divino Obrero. Surgieron las de cornetas y tambores de las Siete Palabras y la del Perdón en 1965 y 1966 respectivamente. Todas ellas se extinguieron, excepto la del Divino Obrero pero con múltiples transformaciones.
La década de 1990 fue un punto de inflexión. Las cofradías siguieron fundando secciones musicales pero con otra orientación. Como precedente, en 1988, las Siete Palabras organizó su banda de música y en 1991 el sonido de las agrupaciones musicales germinó en León de la mano de la cofradía de Angustias y Soledad. Ambas existen en la actualidad.

El siglo XXI puede considerarse otra etapa, donde el gusto por el estilo sevillano de agrupación musical arrollará en el interés del papón. Emergerán fundaciones de “papones músicos” y “músicos papones”. No hago diferencia, puesto que en el seno o no de las cofradías todos sus componentes son hermanos de alguna, y todas tienen como fin la interpretación de marchas tras los pasos de nuestra Semana Santa. Así, una nueva formación cofrade, pero fuera de una cofradía, vio la luz en el año 2000, la agrupación musical Santa Marta y Sagrada Cena, originada en parte con componentes de la banda de cornetas y tambores de la hermandad de Santa Marta mediante un convenio entre ambas. En 2001 las Angustias fundó la banda de cornetas y tambores femenina. En 2003 surgió la agrupación musical del Sepulcro, y ese mismo año otra banda de cornetas y tambores, formada mayoritariamente, por componentes de la “gran banda” del Nazareno, la del Santísimo Cristo del Calvario que desapareció en 2007. En 2005 la cofradía del Nazareno fundó su agrupación musical y un año después la nueva banda de cornetas y tambores que, en parte, procedía de la cantera de la banda infantil organizada en 1994. 2012 vio nacer la agrupación musical de la Bienaventuranza y la banda de música del Perdón. Al año siguiente, el Poder presentó su agrupación musical, y en 2014 lo haría el Desenclavo, la última fundación en el ámbito de las cofradías, pero no en el conjunto, ya que en 2016, componentes de la banda de la Vera Cruz, constituyeron la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de la Soledad.

La fundación de la banda de cornetas y tambores del Divino Obrero inició la verdadera música cofrade, la música especifica para las procesiones de la Semana Santa, donde interpretar composiciones, en principio dedicadas a cofradías y pasos de otras ciudades, y después comenzaron a componer marchas propias para nuestros pasos, aunque a las bandas “no cofrades” se las cuestione que su música sea para servir a honra y gloria de la Pasión representada en los pasos de León.
Creo que la Semana Santa nunca debe ser excluyente, sino todo lo contrario, porque en lo que abarca a este fenómeno devocional y piadoso debe mostrarse el espíritu cristiano más humano que nos pueda caracterizar. Nuestra Semana Santa debe conciliarse para cerrar esa herida de diferenciar el modo que los cristianos muestran su devoción, bien tocando en la banda de una cofradía o haciéndolo en una banda para tocar a los pasos de cualquier cofradía. Porque nuestros hermanos, tomen la opción de dónde o no estar, aportan, suman, y nunca restan, independientemente de las etiquetas de túnica (papones) o traje, (no papones) ya que “el hábito no hace al papón”, y a buen seguro la música de la Semana Santa del año 2019 la van a construir “papones músicos” y “músicos papones”.
