“Cristo del Museo”. La Cuaresma de León en 2026, imaginada desde el Blog El Seise.
Una invitación a mirar —con ojos nuevos— una de las grandes cimas de la escultura del siglo XVI vinculada a la Catedral y a la ciudad de León: el Crucificado de Juan de Juni, concebido para coronar el trascoro (el gran “arco de triunfo” renacentista que delimita el espacio coral).
El Cristo que preside este cartel pertenece a la última etapa creativa del maestro borgoñón, cuando tensa el lenguaje del Renacimiento hacia los registros del Manierismo: anatomía poderosa, torsión excepcional, gravedad interior; un dramatismo que no necesita alzar la voz, porque todo ocurre “por dentro”. No es una imagen para el efecto inmediato, sino para el silencio. Es un cartel para esa Cuaresma que se aprende tanto en la calle como en la penumbra de las capillas y en la memoria de la piedra; en triduos, besamanos, besapiés y novenas dedicadas a la devoción de las imágenes de Cristo y de su Santa Madre, que días después narrarán la Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios, y los Dolores de la Virgen María.La obra del “Cristo del Museo” se relaciona directamente con el proceso de culminación del trascoro: tras convocarse en 1575 un concurso para el remate y ornato en altura del conjunto, la documentación sitúa la ejecución del Crucificado presentado por Juni entre julio de 1575 y marzo de 1576, fechas registradas en las actas capitulares y recogidas por Arántzazu Oricheta. Se trata, por tanto, de una pieza realizada apenas un año antes de la muerte del escultor (1577), lo que refuerza su condición de obra tardía y, en muchos sentidos, de síntesis.
Hoy, este Crucificado se conserva y puede contemplarse en el Museo Catedralicio y Diocesano de León, donde se presenta como una obra mayor de la escultura hispana del siglo XVI.
El cartel no pretende “ilustrar” sin más. La imagen es una interpretación personal, ficticia en su planteamiento y en su construcción, que —con ayuda de la inteligencia artificial— propone un sueño de viacrucis para la diócesis de León en Cuaresma: un camino interior que empieza en la mirada y termina en la vida.
El Crucificado se recorta sobre un fondo neutro y oscurecido, de inspiración pictórica zurbaranesca, y se alza sobre una base barroca de madera tallada en oro que respira como luz antigua. El morado —casi terrenal— recuerda que la penitencia cristiana no es estética, sino espera: la espera de la Pascua.
El “Cristo del Museo” quiere ser también una llamada: dar difusión a una obra extraordinaria de Juan de Juni que merece ser conocida, visitada y pensada; no solo desde la perspectiva patrimonial, sino como catequesis visual. Porque la Cuaresma, en León, hace que el arte no sea un adorno, sino un modo de oración.
