LA IMAGEN DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO NO SUFRIÓ EL INCENDIO EN EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO DEL 1 DE ENERO DE 1809
Artículo publicado en en la revista anual de la
cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno.
Gonzalo Márquez, Nuestro Padre Jesús Nazareno no sufrió el incendio
en el Convento de Santo Domingo el 1 de enero de 1809.
Semana Santa, 2013. Págs 34 y 35.
El conocimiento de la Semana Santa de León ha experimentado en los últimos quince años una lenta evolución que no ha sido aún asumida, algo bien distinto a los avances reconocidos en cuanto al origen de la ciudad de León, no con la Legio VII Gémina, sino con la Legio VI Victrix y por tanto retardando su origen hacia el año 29 a. C.
Gracias a la divulgación de documentos manuscritos
originales sabemos que es Ventura de Valdés el fundador que figura como abad y
negociador para la adquisición de una capilla en el convento de Santo Domingo
en 1610, que la hermandad venía disfrutando con anterioridad, si bien los
estatutos, publicados por Xuaxús González, fueron aprobados el 4 de febrero de
1611 y también figura como abad Ventura
de Valdés, en vez de Buenaventura Valdés, nombre que se lleva utilizando desde
el primer cuarto del siglo XX. A la luz de la documentación clara y precisa
debería citarse que el impulsor de la hermandad del Nazareno de León es Ventura
de Valdés y no Buenaventura Valdés, nombre éste erróneo.

Hemos de revisar cuidadosamente lo publicado sin documentar,
posicionarnos en el estudio de textos originales, si existen, y las
atribuciones han de hacerse cuidadosamente y con un método de trabajo que debe
ser desarrollado por especialistas en la materia, tal y como el profesor César
García y el historiador Eduardo Álvarez han planteado con la atribución de la
autoría de Nuestro Padre Jesús Nazareno a Gregorio Fernández, que, dicho sea de
paso no sufrió ningún incendio en el convento de Santo Domingo como vamos a demostrar.
¿Por qué podemos afirmar categóricamente esto? Principalmente
por la documentación conservada en el Archivo Histórico Nacional. Intentaré ser
breve.
Durante el siglo XVII la hermandad de Jesús Nazareno debió
alcanzar un gran desarrollo demostrado en la adquisición de tres pasos
documentados, aunque suponemos que fueran cinco en total.
A lo largo del siglo XVIII todo comenzaría a cambiar.
En 1740 la cofradía de Jesús Nazareno recibió una limosna del Ayuntamiento de
50 reales solicitada por los propios cofrades de Jesús, a fin de ayudar a la
hermandad para hacer túnicas para los penitentes que salen en la procesión,
declarando el abad y seises que "es público y notorio (...) la suma
pobreza de esta cofradía."
En 1770 se produce la orden de extinción de cofradías
implícito en el mandato para la realización de un censo de éstas en todo el
Consejo de Castilla ordenado por el Conde de Aranda que tiene respuesta del
Ayuntamiento de León el 29 de febrero de 1772. Posteriormente, el 20 de febrero
de 1777 se produce el decreto del Rey Carlos III que prohíbe los
disciplinantes, empalados y penitentes de sangre en las procesiones de Semana
Santa.
Sin lugar a dudas estos hechos afectaron a la hermandad de
Jesús Nazareno de León que no se extingue pero se vio muy afectada
económicamente, como las cofradías penitenciales de la Vera Cruz y la de las
Angustias y Soledad, puesto que el siglo XVIII lo finalizó la cofradía
expulsando a los braceros, argumentando que no querían tirar de los pasos. En
realidad porque no podía pagarles por ello.
En 1787 la cofradía de Jesús Nazareno la componían
únicamente 45 hermanos y 10 hermanas. Los braceros eran 54 para pujar por los
cinco pasos de la hermandad. Se abrió un conflicto porque los braceros se
negaban a sacar los pasos sin cobrar. En aquellos años se pagaba por llevar, o
tirar según señalan los documentos, los pasos. Era un trabajo y al no tener
dinero la hermandad del Nazareno, decide sacar en su procesión del Viernes
Santo entre 1788 y 1790 solamente, "en memoria de la Pasión de Cristo
Señor Nuestro", el paso de Jesús Nazareno portado por sus hermanos, al no
poder pagar a los braceros de los cinco pasos que componían la procesión y
estos negarse a sacarlos sin recibir dos reales, y una dotación de pan, vino y
queso, que era lo tradicionalmente estipulado.
Entre 1791 y 1794 se acuerda pagar a los braceros dos reales
a cada uno y se hace la procesión con normalidad, hasta que en 1795, siendo
abad Juan Genaro García, se toma una decisión trascendente en el futuro de la
cofradía, que es la expulsión de los braceros y la eliminación de todas las
figuras de romanos y sayones de los pasos que atesoraba la hermandad, para
dejar únicamente las imágenes representativas de Jesús en su Pasión, sacando en
simples parihuelas a El Señor a la columniya, al de la Coronación, al del
Balcón (Ecce Homo), Jesús Nazareno y al Señor del Rodapelo. (El Expolio)
Éste es el motivo por el que no llegaron a nosotros ninguno
de los pasos de misterio de la cofradía de Jesús Nazareno y también el hecho
para que desde entonces sean los propios hermanos de la cofradía los que saquen
los pasos. Inicialmente fueron veintidós, además ya se puede descartar que el
motivo de la destrucción de los pasos de misterio al completo se produjera en
el incendio que asoló el convento de Santo Domingo el primero de enero de 1809.
La Guerra de Independencia a comienzos del siglo XIX hizo
que la hermandad desapareciera en su actividad, se afirma en la documentación
que se extinguió entre 1809 y 1814. Más aún, a partir de 1804 debió
arrastrar problemas puesto que desde ese año no hay abad, aunque el libro de
acuerdos señala que la cofradía continuó hasta 1808 celebrando sus
festividades. Tras la guerra, en 1812 un seise, celoso en el reestablecimiento
de la cofradía, se dispuso a recuperar el importe de arrendamientos de las
posesiones de la hermandad, y en 1815 algunos hermanos y seises nombraron a
Juan Antonio Chamorro como nuevo abad, y se gastaron 152 reales en la
confección de cinco banderas (pendonetas) para los pasos, que deducimos sin
complicación que se corresponden con las cinco imágenes de los pasos que
representaban a Jesús en su Pasión, con las que contaba tras la decisión de
expulsar a los braceros en 1795.
En 1815 la cofradía ya se encontraba en la capilla de la Esclavitud,
(Santa Nonia), aunque mantenía una demolida capilla en el destrozado convento
de Santo Domingo que intentó reconstruir en 1826 con la ayuda del Ayuntamiento,
Obispo y el Cabildo Catedralicio.
Si los libros de acuerdos y cuentas de la hermandad no dicen
nada respecto a la destrucción de
imágenes en la Guerra de Independencia, es porque sencillamente los pasos no se
quemaron, y fueron trasladados con anterioridad a Santa Nonia, al igual que lo
hizo la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, hecho confirmado
por un documento del 13 de marzo de 1812 que afirma como la imagen de la
Soledad de la hermandad de las Angustias está en ésta capilla, al igual que “la
efigie de Nuestro redentor Jesucristo en el Sepulcro que estaba en San Francisco”, de la cofradía de la Vera Cruz, se
encontraba en aquel momento en el monasterio de las Madres Benedictinas. Es
claro que los cofrades de las Angustias y de la Vera Cruz tomaron cuidado en
sacar sus imágenes de sus capillas en los monasterios de Santo Domingo y de San
Francisco. Conocían el peligro y la saña que los soldados franceses se tomaban
con los monasterios masculinos que muchas veces fueron acuartelamientos y
caballerizas de sus tropas.
¿Podemos pensar entonces que los hermanos de Jesús Nazareno
dejaron ingenuamente sus pasos en su capilla de Santo Domingo, teniendo en
cuenta que las otras dos hermandades penitenciales trasladaron los suyos a lugares que consideraron más seguros?
Evidentemente y contando con la documentación de la propia
cofradía; que no afirma algo que si hubiese sucedido sería digno de reseñar por
la hermandad, al igual que lo hace con la destrucción de su capilla, y que, por
ejemplo, la imagen del Expolio no sufrió ningún daño, puesto que ha llegado a
nuestros días y también se encontraría en la capilla de Jesús Nazareno en Santo
Domingo; podemos afirmar con toda seguridad y tranquilidad que muy
contrariamente a lo que se ha venido afirmando, la imagen de Nuestro Padre
Jesús Nazareno no se quemó en el incendio que asoló el convento de Santo
Domingo, y el hecho de haberse conservado únicamente, y según se ha narrado, la
cabeza y las manos en el siglo XX responderá a otros motivos que no son la
excepcional salvación de ambas en el incendio citado.
Gonzalo Márquez.
Gonzalo Márquez.