lunes, 8 de mayo de 2017

La Saeta que se clavó en el sentimiento leonés. 25 años de laAgrupación Musical de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias ySoledad.

Este artículo fue publicado en la revista oficial de la Semana Santa de León, "PREGÓN" 2017, 
de la Semana Santa leonesa, dirigida por Carlos García Rioja
"La Saeta que se clavó en el sentimiento leonés". Págs. 102-107. Por Gonzalo Márquez García

Logotipo del 25 aniversario fundacional de la Agrupación Musical de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad de León. 1992
La Agrupación Musical de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad es una realidad musical y humana desde hace 25 años, en los que logró el milagro de clavar una saeta a cada uno de nosotros en lo más profundo de nuestros sentimientos y, a la vez, proporcionar consuelo a la Madre de Dios y narrar la Pasión y Muerte de Jesucristo. Su irrupción supuso un cambio fundamental en la historia moderna cofrade de León, al incorporar un nuevo sonido al ámbito musical de nuestra Semana Santa, por la organización de conciertos que hoy vemos usuales, en los que llegaron a incorporar teatro y baile, para apoyar la representación de la Pasión de Cristo, fuera de los días de la Semana Santa. Sin duda, es una formación pionera pero sin perder la perspectiva devocional y su razón de ser dentro de su cofradía, en la que sus componentes forman una familia comprometida entre ellos mismos y con León.

Su origen es digno de relatar, y estas líneas pretenden esbozarlo. La casualidad hizo que en Sevilla comenzase su historia, donde María del Pilar González, madre de un papón que tocaba en la banda de cornetas y tambores de la Cofradía de Jesús Nazareno, Javi Núñez, allá por 1991, adquirió en los antiguos almacenes de Galerías Preciados, (hoy El Corte Inglés) un novedoso casete, el primero de la Agrupación Musical de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, con el fin de regalárselo. Aquel año, otro miembro de la banda del Nazareno, Ángel Juan Esquivel, abandonó la formación al comienzo de la procesión del Santo Entierro de la Vera Cruz, quien ya contaba con aquella cinta de Jesús Despojado, prestada por Javier, y que le había hecho surgir una atracción hacia un sonido mas armónico, más melódico y evidentemente distinto.


Si la música de Jesús Despojado se presentaba como la "chispa" de algo nuevo en León, la base sobre la que se asentaría había tenido lugar con la toma de posesión como abad, en la cofradía de Nuestra Señora de la Angustias y Soledad, de Juan Miguel Díez Alija el 3 de junio de 1990. La cofradía que comenzó a dirigir no tenía formación musical y entre sus proyectos destacados, aparte de una elaboración de estatutos que darían lugar a la entrada de mujeres en la hermandad, había anunciado su decisión de dotar a su cofradía de una banda de cornetas y tambores.

La Semana Santa del 91 presentó el caldo de cultivo para lo que había de suceder y es que Esquivel tenía el duende dentro y, tras su marcha de la banda del Nazareno, Javi Núñez le acompañó para lograr hacer un sueño realidad: Que en León sonase esa música cofrade tan distinta. Un amigo de Esquivel, Guillermo Cuesta, sabía  de las intenciones del nuevo abad de las Angustias y del proyecto de Esquivel, y concertó una cita en el bar Tizón del Barrio Húmedo, donde se juntaron los destinos. Al domicilio de Miguel Alija llegó entonces una grabación de aquel casete de Jesús Despojado, y la primera marcha, La Saeta, que daba título al disco, se incrustó en su sentir y en el de su familia, y así, todas las que seguían en la grabación. El proyecto de Miguel Alija comenzaba a caminar, pero, bajo la sorpresa e incertidumbre, al ser consciente que la cofradía no presentaría una banda de cornetas y tambores. Por otro lado, el sueño de Ángel Esquivel y Javi Núñez también tomaba forma y les ofrecía un gran reto. La junta de seises de las Angustias aprobó, no sin alguna reticencia, el plan de su abad y en el mes de mayo de 1991 comenzaron los ensayos bajo la dirección de Ángel Esquivel, con el apoyo directo de Javier Núñez, y el del abad de la cofradía, Miguel Alija.

Esquivel ya viajaba a Sevilla para contactar con componentes de la Agrupación de Jesús Despojado en la casa de esta hermandad. Rafael Cuesta y Francisco José Carrasco le prestaron atención, igual que a sus futuros acompañantes, Guillermo Cuesta y Javi Núñez. Su objetivo era conseguir partituras o algo similar para reproducir aquel sonido, y así, las notas emitidas por un trombón, tocado por Carrasco, se transformaron en números escritos en una servilleta de papel a orillas del Guadalquivir, para hacer que la marcha La Saeta llegase a León. A los ensayos de la agrupación se iban apuntado jóvenes que no sabían, en la inmensa mayoría, tocar un instrumento y mucho menos música, así que Esquivel contó con la ayuda externa de dos amigos: Guillermo Cuesta y José Antonio Fernández de la O. Éste último, director, desde 1988, de la banda de música de la cofradía de las Siete Palabras. De la O dedicó su tiempo, en los primeros ensayos de la agrupación, a la enseñanza de la escala básica de trompetas y les prestó algunas, al igual que Luis Vergara, responsable de la "sexta banda" de cornetas y tambores de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, (numerosa y que se fraccionaba en varias para la procesión de los pasos) y componente de la charanga "Los Bombanas" que también aportó unas trompetas pocket. Así comenzaron a montarse las primeras composiciones: Virgen de la Luz y, como no, La Saeta.


Presentación de la Agrupación Musical de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad el 29 de febrero de 1992. Foto cortesía de Francisco Javier Núñez.
Llegaba 1992, el material para la banda se iba adquiriendo en la desaparecida tienda de instrumentos San José en la calle Pozo, hasta el momento de la presentación pública de la agrupación musical que se produjo el 29 de febrero de 1992 en el Colegio de Huérfanos Ferroviarios, lugar donde se realizó el primer concierto de la banda de una cofradía de la Semana Santa de León. Hace 25 años no existían uniformidades, conciertos, ni certámenes de bandas. La agrupación de Angustias comenzó innovando, pero sobre todo, sorprendiendo a los que allí estuvieron; dejando el pellizco para que el Domingo de Ramos a las puertas del colegio de las Carbajalas, aguardase la gente a que saliera la cofradía de la Redención, con sus estrenos de una Dolorosa y banda de cornetas, pero también, con la incorporación de un nuevo sonido, el de las Angustias. Aquella tarde y tras su guión se situaron, cuatro trompetas primera, dos trompetas acorde, dos trombones, nueve cornetas, ocho tambores y dos timbales. Cuenta Jesús Morchon, jovencísimo componente de aquella agrupación, que nunca olvida el rumor del tambor destemplado en el portalón de las Carbajalas antes de poner el pie en la calle.


Componentes fundadores de la Agrupación Musical de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad el Viernes Santo de 1992. Foto cortesía de Francisco Javier Núñez.
La primera marcha de agrupación musical que sonó en la ciudad de León, precediendo a la imagen del Cristo crucificado del Desenclavo, cedido por la cofradía de la Vera Cruz a la Redención en 1991 y 1992, fue La Saeta, cuya entrada y notas iniciales manifestaron los nervios de Julio Cesar Gutiérrez, y en la segunda interpretación, en la calle Cuesta Castañones, arrancó los primeros aplausos del publico. Aquella marcha y el resto, fueron memorizadas por los componentes de la agrupación, ya que Esquivel se empeñó en que no se llevasen partituras o indicaciones numéricas en papel del repertorio preparado, formado, además de La Saeta, por: Virgen de la Luz, Muerto te llevan por la Plaza, San Juan Evangelista, Nuestra Señora de las Angustias, (adaptación de Ángel Esquivel) y Cautivo.

La agrupación de las Angustias, pensada y creada para acompañar al paso del Santo Sepulcro en la procesión del Entierro de los años pares, salió en otras procesiones tras su estreno con la cofradía de la Redención. El Lunes Santo partió de Santa Nonia con la Virgen de las Angustias, primera titular de su cofradía, el Miércoles Santo participó en la procesión de la Virgen de la Amargura de la Vera Cruz, el Viernes Santo por la mañana, en la procesión de Los Pasos de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, situada entre los pasos de la Oración del Huerto y de El Prendimiento, hasta que ya por la tarde, y en el Santo Entierro organizado por su cofradía de las Angustias y Soledad, se materializó el proyecto de quienes lo habían soñado, favorecido y echado a caminar, y así escoltó, por fin, al paso del Santo Sepulcro del Señor.

Antigua orla de componentes fundadores de la Agrupación Musical de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. Foto cortesiá de Julio César Gutierrez.En Aquellas cinco primeras procesiones de la agrupación de las Angustias formaron 28 hermanos. Estos fueron: Ángel Juan Esquivel, Javier Núñez, Miguel Ángel Quintanilla, Sergio Bermejo, Raúl Fernández, Alejandro Gil, Isaac Ibáñez, Pablo Estrada, Julio César Gutiérrez, Francisco Piñero, Oscar Jano, Javier Turiel, Miguel Díez Campelo, Maximino Campazas, Miguel Zamora, José Ignacio Sánchez, Luis Ángel Esquivel, Jesús Morchon, Alberto Carro, José Antonio Amez, José Rafael Campo, Alberto Vera, Daniel Rubén Marcos, Francisco Vicente Robles, Félix González, Luis Seco, Carlos del Blanco, Francisco José Sierra, y su porta estandarte, Néstor Rodríguez. 25 años después, León y su Semana Santa, deben agradecer la iniciativa de quienes pusieron en marcha la Agrupación de las Angustias, la que tiene hoy una magnifica herencia en vida, pues muchas agrupaciones gozan de su razón de ser por la existencia de esta.

Algunos de los jóvenes que formaron desde sus inicios en la “agrupación de Angustias”, continúan en la misma, como Félix González, Luis Ángel Esquivel, Maximino Campazas, José Antonio Amez y su director Isaac Ibáñez, y todos son conscientes de la responsabilidad que supone mantener esta historia que marcó una transición musical, donde predominando el sonido de las cornetas, irrumpieron las trompetas. Arrastraron a sus hijos a la banda, confeccionando así una familia cofrade en el seno de las devociónes a las Angustias y Soledad de la Madre de Dios, demostrando que la música puede alimentar la devoción, el sentimiento religioso, la fe, y el compañerismo para participar de la emoción de los braceros de los pasos al finalizar cada procesión, el que les hace aferrarse a su credo cuando los momentos delicados hieren al presentarse una desgracia, y en los que toca ver partir al buen hermano y compañero.

Agrupación Musical de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. Foto cortesía de Isaac Ibáñez Y si en León hemos de estar agradecidos a todos los componentes de la agrupación de las Angustias por haber trabajado, y trabajar hoy, para emocionarnos y mantener viva la fe en la Madre de Dios y en Cristo. Ahora, me toca expresar gratitud quienes que me han ayudado en este relato. Gracias a Miguel Díez Alija, por tu trato y por haber hecho tan grande a la cofradía de las Angustias en 1992, a Ángel Esquivel, por invitarme a tu taller, por compartir recuerdos emocionados y por traer La Saeta a León en aquella servilleta. Gracias a Javier Núñez y Miguel Díez Campelo, por proporcionarme información y sentimientos, a Jesús Morchon y Julio Cesar Gutiérrez, por la emoción al recordar aquellos momentos en la Plaza de Santa María del Camino. A Guillermo Cuesta y a José Antonio Fernández de la O, dedicarle tiempo a aquella locura cofrade. Gracias a los que os mantenéis en la agrupación con la ilusión, después de 25 años, igual de sólida. Gracias a Maxi y José Amez, y como no, gracias Isaac, por abrirme las puertas de tu casa y ayudarme a descubrir tantas cosas de tu bien querida Agrupación Musical de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. Y Para todos los componentes de ella, ¡felicidades!, por participar del 25 aniversario de la Agrupación de las Angustias. Y según es costumbre, me despido con un: ¡Que sea enhorabuena, hermanos!

Portada de la revista PREGON 2017. Ilustración de Luis Miguel Robles García


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