martes, 6 de diciembre de 2016

Inmaculada Concepción de la Plaza Mayor de León. Texto preparado yleído por Rafael Menéndez en la Exaltación Mariana con motivo de laPresentación de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora de laSoledad de León.


León, 12 de noviembre de 2016

Virgen Inmaculada Concepción de la Plaza Mayor de León. 

Presentación de la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de la Soledad. 


Por Rafael Menéndez Pérez
Virgen Inmaculada en la hornacina de la Plaza Mayor de León. Foto G. Márquez
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.

Pues soy consciente de la herencia recibida,
en carne pecadora,
que implora tu salvación,
tu divina aspersión.

Que sea tu Bendita Madre
quien sostenga el hisopo,
que sea, pues, la mano limpia de todo pecado
la que me muestre el camino hacia Ti
y redima mis culpas.

Tú, Madre, que eres un Camino de Esperanza
hacia la Piedad de tu Hijo.


Tú, Madre, que por el Milagro de tu pura y limpia Concepción
nos haces sentir el Gran Poder de tu Divina Gracia.


Tú, Madre, que a pesar del mérito de tus Angustias
nos cubres con tu manto de Piedad,
y haces tuyas nuestras Lágrimas
en los momentos de Soledad.

Tú, Madre, infundidora de Paz,
Reina de la Amargura ante el altar,
buscando al Cordero, perdido y hallado,
y después sacrificado
en esa Vera Cruz ante la que también te encontramos.

Tú, Madre, de Misericordia,
y de Pasión redentora,
que en el misterio de tu Piedad
no puedo dejarte a solas,
pues la Dulzura de tu Nombre
y que eres de los Reyes, Señora,
hace que te vea como Madre Dolorosa.

Tú, Madre, Pozo de agua bautismal,
pues fuiste concebida sin pecado original,
muéstranos después de este destierro terrenal
al Hijo que Gabriel te anunció llegar
por obra del Espíritu celestial,
tercera persona en una misma deidad.

Tú, Madre, Mujer vestida de Sol,
que con Piedad me miras en tu Mayor Dolor,
bajo palio de estrellas en la negra oscuridad,
Siete Palabras escucharás
y de su Agonía, Señora, brotará tu Soledad.

Tú, Madre, que eres Consolación en tu propio Desconsuelo,
Soledad de Soledades vestida de duelo,
espadaña de la armadura de San Martín
señalando siempre hacia el futuro Reino.

Tú, Madre, Camino de Luz,
a quien siempre busco entre la multitud,
si bien solo tengo que la vista alzar
para verte cual paloma blanca revolotear
entre miseria y espanto,
pobreza y llanto,
haciendo que despierte la primavera
por donde pasa tu manto.

Pues Tú, Madre, serás llamada Soledad,
pero sola nunca estás,
pues mientras haya un papón
que sueñe con hacerte caminar,
con el día en que su Cruz en horqueta se convertirá,
te aseguro, Señora,
que sola nunca estarás.

He aquí mi oración,
mi humilde exaltación,
ahora son tus Hijos, María,
músicos de corazón,
quienes te recen por este León,

con sones de Requiem
por quienes ángeles nuestros ya son,
(como son las abuelas de dos componentes de esta formación, Julio y Jorge)
al sonido de una corneta
y el rufar de un tambor.


Rafael Menéndez. 12 de noviembre de 2016

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