sábado, 26 de noviembre de 2016

Nuestra Señora del Rosario y la Quinta Angustia de la Virgen María.Texto preparado y leído por Gonzalo Márquez en la Exaltación Marianacon motivo de la Presentación de la Banda de Cornetas y TamboresNuestra Señora de la Soledad de León.

León, 12 de noviembre de 2016. 

Nuestra Señora del Rosario y la Quinta Angustia de la Virgen María. (Crucifixión y Muerte de Cristo. Jn. 19, 17-30) Iglesia parroquial de Santa Marina de León.

Por Gonzalo Márquez García.


Alocución dedicada al profesor Fernando Llamazares Rodriguez

En esta Exaltación de la devoción por la Madre de Dios en la ciudad de León, aqui, en la iglesia de Santa Marina, antigua de San Miguel y los Ángeles del colegio de los jesuitas, muestra hoy en su interior una de las mayores joyas de la escultura renacentista en España. 

Nuestra Señora del Rosario. Juan de Juni. Iglesia de Santa Marina. León. Foto. G. Márquez.
La excepcional Virgen del Rosario, reposa en la hornacina central del retablo del altar mayor de esta iglesia, donde se representa en sus cuadros, algunos de los misterios de la Cruz, pues procede del cercano cenobio de franciscanas descalzas de la orden de Santa Clara, las populares Clarisas que habitan el convento, precisamente, de la Santa Cruz.

Esta representación de la Virgen María con el niño Dios, acompañado de Juan el Bautista, fue creada por el maestro escultor Juan de Juni entre 1543 y 1549 por encargo de la Condesa de Luna, Catalina de Pimentel, con destino a ser la imagen titular y devocional de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, que se encontró instituida en el antiguo convento de Santo Domingo de nuestra ciudad, y por ello es conocida como Virgen del Rosario.

Ante Ella nos encontramos acompañando a la banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora de la Soledad el día de su presentación pública en esta Exaltación Mariana en la ciudad de Léon, para reconocerla como una de nuestras madres leonesas destacadas, si bien, es cierto que algo olvidada.

El olvido es un hecho que nos acompaña constantemente, en la historia y en nuestra vida cotidiana. Los historiadores siempre han tratado de traernos al presente situaciones pasadas y recordarnos el porque de algunas cosas, contarnos cuando y como se produjeron, el momento en que aparece una obra de arte, quien la hizo, con que fin, y que valor tiene. El olvido, hace, incluso, que olvidemos a quienes han tratado de transmitirnos estos conocimientos, y yo hoy, aquí, en esta iglesia de Santa Marina, quiero burlar el olvido, y traeros al presente un nombre que tuvo a esta iglesia como su casa, que hizo el inventario artísctico de la misma, que recuperó del olvido el arte de este lugar y de la tierra de León, que fue profesor de Historia del Arte, que nos abandonó hace más de un año, que se llamaba Fernando, y de apellidos respondía por Llamazares Rodriguez, y que, además, fue un enamorado declarado de la Virgen del Rosario de Santa Marina.

Y por ello, quiero dedicar mi intervención a su memoria, y sacarle del olvido reciente al contaros, con algunas de sus palabras, lo maravillosa que es la Madre de Dios del Rosario que Juan de Juni dejó en esta ciudad de Léon.

Así que, con el permiso de los componentes de la banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora de la Soledad, y de todos ustedes, me atrevo a decir: 

¡Va por tí, Fernando!

El profesor Llamazares mostró su interés y admiración por la Virgen del Rosario de Santa Marina desde hace mucho, publicando ya en 1977, en la revista Tierras de León, un trabajo sobre dicha imagen. Sobre ella, dijo que es una nueva creación y que no tuvo repercusiones iconográficas más que en tierras leonesas y su periferia. 

Ya apuntaba Fernando lo excepcional que es, y señaló que:

"La Virgen estaba concebida a modo de matrona romana, sentada sobre un gran sillón. apoyando sus pies en un gran cojin con representaciones anamórficas en las borlas; figurada como nueva Eva es nudo entre el Antiguo y Nuevo testamento, a un lado, San Juan niño en pie, como último de los profetas, sobre su regazo, el Mesías; las manos izquierdas de los niños se entrelazan, mientras ella ase maternalmente a su hijo. Este triple juego de manos acentúa la unión ante el destino. 

Como elemento unificador y aglutinante de todo el grupo, La Cruz, que San Juan niño presenta en tierno enredo a Jesús; su rostro dicotómicamente va desde la alegría total al sufrimiento absoluto; es alegría por la salvación del hombre, y dolor ante el sufrimiento del Gólgota. El rostro de María está en profunda meditación ante la lectura que ha efectuado en el libro sagrado, que porta en su mano derecha, inundado de pena, es rasgado por una suave sonrisa, el sentimiento que la anima no puede ser otro que como una madre que aceptó ser de Dios, misterio del cual emararán todos los demás, tendrá su viernes de dolor y la esperanza de la resurreción, y por esta aceptación como made de dolor y de alegría podemos interpretar su pensamiento que no puede ser otro que el que leemos en el libro, "me diran, bienaventurada todas las generaciones".

Juni, en la Virgen del Rosario ha logrado una verdadera síntesis del sentir mariano, y el pueblo y sus cofrades, así lo interpretaron".

Es, según dijo Fernando Llamazares, en su última publicación, La Guía Artística de León, "una magistral creación de Juan de Juni", "una de las obras más excelsas del Renacimiento español en temas Marianos", aunque, ya en 1977 señaló, que "la gran altura a la que ha sido colocada impide disfrutar de su goce estético".

La descripción que el profesor Llamazares nos dejó de la Virgen del Rosario que hoy admiramos, nos proporciona las claves para enlazar esta representación tan tierna de la vida del Mejor de los Nacidos, a la vera de su Santa Madre, y jugando con juanin, el futuro bautista, con la propia muerte del Señor en la Cruz, con la quinta Angustia de Nuestra Señora, con el quinto de sus Siete Dolores, con la Crucifixión y muerte en la Cruz del Señor. 

Y es que el nexo es precisamente el ofrecimiento de la Cruz redentora que el niño Juan le hace al niño Dios, que es sostenido por su Madre, mientras ella lee los textos sagrados, las profecias que anuncian la llegada del Salvador.

Esta Madre de Dios del Rosario es gloria y angustia, es el presagio de los dolores de Nuestra Señora y a la vez, una mujer con un profundo sentimento maternal.

Contrasta la sonriente Virgen del Rosario, con la madre que sostiene el cadaver de su hijo en el retablo lateral derecho de esta iglesia. No quiero olvidarme de Ella tampoco, y rescato del olvido, tambíen, a la Piedad de las Ánimas del Santo Malvar, la del antiguo hospital de San Antonio, que hoy aquí tiene su casa con sus cofrades, los que anteriormente a nuestra presencia, han celebrado la misa de difuntos de su hermandad, la mía también.

Si la Piedad de la que os hablo es la Madre de las Almas de León, la Virgen del Rosario debería ser la Madre protectora de las madres, la Virgen de la Caridad leonesa, Nuestra Madre del Amparo. Debiera ser admirada por su ternura, tener devotos a cientos, y reconocida por ello por sus fieles leoneses, los que aqui hoy estamos con la banda de Nuestra Señora de la Soledad, que quieren traeros ahora la evocación del Señor en la Cruz, a quien su madre vió expirar y que le provocó su Quinto dolor.

Puedo decirles que nuestros antepasados quisieron dejarnos testimonio del arte del mejor renacimiento con la Virgen del Rosario de Juan de Juni, y esta nueva formación musical, desea interpretar los sones de una marcha del repertorio de la Sevillana banda de Presentación al Pueblo de Dos hermanas, dedicada a un crucificado que es cumbre del arte barroco español, el Santísimo Cristo de la Expiración, conocido como "El Cachorro", y con la que hoy en su presencia aquí en Santa Marina, quieren agasajar a nuestra leonesa, Madre de Dios del Rosario. 

Para ti, Madre, "Sentimiento Gitano".




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