domingo, 20 de noviembre de 2016

Convento de Nuestra Señora de la Concepción. Texto preparado y leído por Xuasús González en la Exaltación Mariana con motivo de la Presentación de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora de la Soledad de León.

Alocución de Xuasús González durante la Exaltación Mariana con motivo de la presentación de la Banda de Cornetas y tambores Nuestra Señora de la Soledad.

León, 12 de noviembre de 2016
 
Plaza de las Concepcionistas
Xuasús González 

Nos pongamos como nos pongamos, esto es León y hay cosas que son inevitables. Y la lluvia se ha vuelto a convertir esta tarde en inoportuna protagonista, posponiendo la presentación pública de la banda de la Soledad durante un par de horas, y trasladándola de la calle al interior de esta iglesia de Santa Marina la Real.
Pero –ni que decir tiene– hace falta mucho más que agua para arruinar esta tarde de música cofrade… 

***

Rincones con ‘sabor’ a Semana Santa los hay, y muchos, en esta ciudad. Y las Concepcionistas es uno de ellos. Unas Concepcionistas que, por cierto, ya han recibido un ramo de flores –azules y blancas, claro– en recuerdo de esta jornada.
 
Inmaculada de la hornacina sobre la puersta del convento de Nuestra Señora de la Concepción de León. Foto G. Márquez.Si hablamos de procesiones, por delante pasan unas cuantas: La Morenica, el Viernes de Dolores; Jesús Sacramentado, el Sábado de Pasión; la Redención, el Domingo de Ramos; La Pasión y las Llagas el Lunes; el Perdón y el Dolor de Nuestra Madre, el Martes; el Silencio, la Amargura y el Viacrucis de las Siete Palabras, el Miércoles; la Bienaventuranza y María, el Jueves; los Pasos –este es uno de los “cuatro conventos”– y el Entierro –tanto en años pares como impares–, el Viernes; y el Sepulcro –entrega del fuego incluida–, el Sábado.
 
Vamos, que –quieran o no– las monjas viven la Semana Santa muy de cerca. Es más, el Sepulcro no tiene allí su sede canónica, pero casi…: celebra su misa de admisión de hermanos, acompaña a la comunidad en sus cultos principales…
 
Leonor de Quiñones y Enríquez, hija de los primeros condes de Luna, fundó en 1516 –se cumplen justo este año cinco siglos– el convento de las Concepcionistas. Y es que en León, la defensa de la Inmaculada Concepción de María –no será dogma de fe hasta que Pío IX lo proclame en 1854– es bien temprana. 

También en el templo se encuentran las imágenes del Sepulcro: el Hombre Nuevo, al que le rezan las monjas de forma privada; y el Cristo Esperanza de la Vida y la Virgen de la Luz, estos sí expuestos al culto público. También al culto está la Virgen de la Amargura de Minerva, y el Cristo de la Cruz Quemada, que llegó aquí procedente del Monasterio de San Claudio, al que el Sepulcro le reza un viacrucis, que fue procesionado por Minerva en los primerísimos años de la Postguerra, y que no anduvo muy lejos de ser el Titular de la Redención.
 
Pero, en lo cofrade, en este entorno no acaba aquí la cosa. Dudo mucho, por ejemplo, que alguno de nosotros que no haya tomado siquiera una limonada en cualquiera de los bares próximos. Entre procesión y procesión, o en Cuaresma, o cuando sea… Eso también es –faltaría más– Semana Santa.
 
Pero hoy toca hablar de música. De cómo un grupo de más de ochenta personas se reunía el pasado 18 de abril con la idea de convertir un sueño en realidad; una realidad que empezaba a tomar forma, justo al día siguiente, en el colegio Luis Vives.
 
Era el primer ensayo de la banda de la Soledad que en estos momentos se está presentando en León; una formación nueva pero con una dilatada experiencia en la música cofrade. Y es que a la gran mayoría de sus componentes, que procedían de Minerva, se han unido alrededor de una treintena de músicos más que, en muchos casos, habían dedicado ya un montón de horas a los pentagramas…
 
Y aquí está el resultado: una banda que forman alrededor de ochenta y cinco componentes –con Jorge Llamazares, su director, a la cabeza–, y que suena probablemente de forma muy diferente a lo esperado. Nace, eso sí, con los pies en el suelo, y le queda mucho camino por recorrer. Y cuenta con un repertorio que, no por haber sido ya escuchado durante años, deja de ser sugerente…
 
Buena muestra de ello es la marcha que la formación musical ha elegido para ofrecer a la Virgen, representada por la pequeña imagen que se encuentra sobre la puerta del convento de las Concepcionistas. 
 
Soledad de San Pablo es una de las marchas clásicas por excelencia, que Pascual Zueco Ramos –nacido en la localidad zaragozana de Tarazona, aunque malagueño de adopción– introdujo en 1949 en la legendaria banda de cornetas y tambores de los Bomberos de Málaga. Es una versión una pieza suya compuesta diez años atrás para órgano, y dedicada a la Virgen de la Soledad de la parroquia de San Pablo de Zaragoza, en donde se había casado poco antes. 
 
Con esta marcha, la banda de la Soledad quiere convertir su música en oración para hacer más ‘llevaderos’, en lo posible, los dolores de la Virgen. De los siete, rememoramos ahora especialmente el segundo de ellos, la persecución de Herodes y la huida a Egipto: 
 
¡Oh Virgen querida!, quiero acompañarte en las fatigas, trabajos y sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida del Niño Dios.
 
Fachada del convento de Nuestra Señora de la Concepción de León. Foto G. Márquez.

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