jueves, 13 de febrero de 2014

LA ANTIGUA IMAGEN DEL NIÑO JESÚS DE LA COFRADÍA DE JESÚS NAZARENO DE LEÓN: La devoción perdida al Dulce Nombre de Jesús y la fiesta de la Circuncisión. Una tradición de 200 años para recuperar.

Artículo publicado en la revista anual de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León. Semana Santa 2014, págs. 36-39.  

Se subsana aquí un error del autor, que no de la edición de la revista de la pág. 39, primera frase en la que se señala el incendio del convento de Santo Domingo en enero de 1808, habiendo tenido lugar en enero de 1809.
Cornelis Schut. Jesús como un niño dormido. Museo de Bellas Artes. Sevilla. Foto. G. Márquez Que la cofradía de Jesús Nazareno tuvo desde sus orígenes una atención especial a la devoción al Dulce Nombre de Jesús, es algo que podemos afirmar documentalmente, al igual que el hecho de haber poseído una imagen del niño Jesús que debió centrar el culto a los cinco misterios sobre la infancia del Señor, tal y como el franciscano San Buenaventura, (1218-1274) describió en su obra “Fiestas del Niño Jesús”, en la que meditaba sobre la Encarnación, el Nacimiento en Belén, el Santísimo Nombre de Jesús, la Adoración de los Reyes Magos y la Presentación en el Templo.

Por otro lado, San Buenaventura, doctor de la Iglesia, también fue centro de devoción por parte de la cofradía, tal y como se demuestra tanto en la redacción de las condiciones para la fundación de la capilla de Jesús Nazareno como en la elaboración de la regla de la cofradía, al celebrar su fiesta con sus cultos pertinentes.

Sobre estos aspectos, lamentablemente perdidos a lo largo de la historia de la actual cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, trataré a continuación, en un intento para que por parte de la misma se considere el encargo e incorporación de una nueva imagen que represente a Jesús Niño, recuperando así la advocación original al Nombre de Jesús y algunos aspectos que rodearon a esta imagen como era la vestimenta en relación con el tiempo litúrgico, del mismo modo que en la actualidad poseen cofradías de otros lugares de España, que, o bien han conservado esta advocación y tradición, o la han incorporado más recientemente.


1.- Origen de la cofradía del Nombre de Jesús Nazareno de León: El establecimiento de su fiesta principal el día de la Circuncisión, 1 de enero, y la primera imagen conocida del Niño Jesús. (1610-1615)

El 9 de julio de 1610 Ventura de Valdés, ya entonces abad de la cofradía de Jesús Nazareno, firmó con el padre prior del convento de Santo Domingo de León, Fray Bernardo de Guevara, la compra de una capilla donde establecer la cofradía, bajo una serie de condiciones, once, para que la cofradía adquiriese la propiedad de un espacio propio en la iglesia del convento de Santo Domingo el Real, en concreto, la capilla sería la primera al lado de la dedicada a San Jacinto, y fronteriza a la puerta principal de la iglesia de Santo Domingo. (Gonzalo Márquez García, “Fundación de la Capilla de Jesús Nazareno en el convento de Santo Domingo de León, 1610-1615.” Diario de León. Revista Filandón, 11 de octubre de 1998.)

Nuestro Padre Jesús Nazareno. Besapie en la cuaresma del año 2013. León. Foto. G. Márquez
La tercera cláusula de aquel documento señalaba que: “Asimismo es condición que el primer día del año nuevo de cada un año perpetuamente por siempre jamás, que es la fiesta principal de la dicha compañía, el dicho convento y frailes que son y por tiempo fueren han de decir una misa cantada con diácono y subdiácono, la cual se ha de de hacer en el altar mayor del dicho convento o en el de la dicha capilla de Jesús Nazareno. (…)” Ofreciendo a la comunidad el abad y cofrades, un pago o limosna de “(…) ocho panes de a dos libras, ocho velas (…) y un azumbre de vino.” Esto es también señalado, con exactitud, en los preliminares de la regla de la hermandad con fecha de 4 de febrero de 1611, donde se especifica, además, que la citada misa sea dicha por el alma de Ventura de Valdés, su mujer Ana de Ochoa y sus sucesores.

La negociación para la compra de la capilla y todas sus condiciones fueron aprobadas, dándose la correspondiente licencia para ello por Fray Pedro Paladinas, prior del convento de la Santa Cruz de Segovia, y vicario general de la provincia de España de la orden de predicadores, con fecha en el convento de San Pablo de Valladolid el 8 de marzo de 1611.

La fiesta referida del documento de 1610, es la de la Circuncisión o del Dulce Nombre de Jesús, que la Iglesia señalaba el día 1 de enero, y estuvo presente en los misales desde el siglo VI. En 1721, el Papa Inocencio XIII, fijó la fiesta del Dulce Nombre de Jesús el Domingo entre la Circuncisión y la Epifanía o, en caso de no coincidir, el día 2 de enero, hasta la reforma del Papa Juan XXIII en 1967.

Niño Jesús de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, La Quinta Angustia. Jerónimo Hernández. 1582. Iglesia de la Magdalena. Sevilla. Foto. G. Márquez
Hay que recordar que la festividad de la Circuncisión tenía lugar en la octava del día de Navidad, según se describe en el Evangelio San Lucas, (2: 21) que describió que “Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno.”

En la regla de la cofradía de Jesús Nazareno de león aprobada el 4 de febrero de 1611, se reglamentó la celebración de ésta fiesta por parte de los cofrades de la hermandad, algo lógico, estableciéndose en el capítulo 12, que “(…) el día de la Circuncisión del Señor que es la fiesta principal de esta Cofradía, se tengan las velas encendidas al Evangelio y al azar, y el que no viniera pague un cuartillo, y el día de la Circuncisión, a las Vísperas, y Procesión, y el Abad que fuere los haga abogar, y el que no viniere, pague dicha pena.” Volviendo a especificar en el capítulo 13 que “(…) el dicho día de la Circuncisión todos los cofrades acudan a las Vísperas, y el dicho día a las misas, y para que este día confiesen y comulguen a la misa todos de dos en dos, con sus velas encendidas, y asistan a la misa y sermón y Procesión que se hace a la tarde, con sus velas encendidas, y el que no fuere, pague de pena cuatro cuartos, salvo si el tal cofrade estuviere enfermo y ausente de la dicha ciudad o en la cárcel.” (Xuaxús González y Luis Pastrana. Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. La Regla de 1611. 2003)

La cofradía de Jesús Nazareno, por otro lado, no se fundó como una hermandad devocional al Dulce Nombre de Jesús, sino al “Benditísimo Nombre de Jesús Nazareno”, estableciendo una procesión de penitencia, “de nazarenos”, por la ciudad en Semana Santa, primero en 1610, el Miércoles de Tinieblas, y en 1611 el Viernes Santo por la mañana.

El hecho no es extraño, ni contradictorio, puesto que enlaza perfectamente la devoción al Dulce Nombre de Jesús en su fiesta de la Circuncisión, donde se produce la primera efusión de sangre, de las siete del Salvador, con la celebración de la Pasión del Señor en la Semana Santa mediante una procesión en la que los hermanos imitasen las pisadas de Jesucristo llevando una cruz a cuestas, experimentando en sus carnes el dolor físico, las llagas e incluso la sangre provocada por el peso de las cruces y diversas penitencias que se aplicaban, como era el caminar descalzo, ponerse grilletes y otras, que en definitiva recordaban el derramamiento de sangre del Nazareno durante la oración y agonía del huerto, las heridas en las mejillas tras ser abofeteado, la coronación de espinas, la flagelación, la crucifixión y la lanzada.

Niño Jesús de la extinguida cofradía Sacramental del Dulce Nombre de Jesús de la Iglesia de Santa Marina. León. Foto G. Márquez
Por tanto, se percibe como las reglas de la cofradía de Jesús Nazareno, tienen una gran carga teológica en su concepto, puesto que celebran el Santo Nombre de Jesús en la circuncisión, cuando en el propio rito, ocho días tras la natividad, recibe su nombre el Señor, Jesús, momento en el que derrama su sangre por primera vez. Sangre que también correrá durante su Pasión y Muerte, por la que los pecados tienen redención bajo la creencia de la Cruz, representación que, además también es motivo de celebración, en concreto el 16 de julio, con una procesión para la conmemoración el día del Triunfo de la Cruz, con una imagen de Jesús Nazareno.

El programa ideológico y cultual se propuso como algo perfecto. Jesús Niño en su circuncisión y Dulce Nombre, pasa por Dulce Nombre de Jesús Nazareno, al que los cofrades imitan con cruces en Semana Santa y cuyo símbolo de Pasión y Muerte, la Cruz, celebran como elemento de redención y centro de su Fe.

Con la regla aprobada de la cofradía de Jesús Nazareno en 1611, los acuerdos previos para la fundación de la capilla de la cofradía del 9 de julio de 1610, fueron definitivamente ratificados entre los frailes dominicos, por una parte, y por el abad de la cofradía de Jesús Nazareno, Ventura de Valdés, junto con 5 hermanos de la cofradía, Antonio Fernández, platero, Pedro Moro, Pedro Legón, Baltasar García, ensamblador, Baltasar García, pintor, y Francisco García, pintor, declarando ser la mayor parte de cofrades que son al presente de la cofradía de Jesús Nazareno. Esto sucedió el 21 de abril de 1615, y según lo negociado, podrían adornar la capilla.

Poco después, el 20 de agosto de 1615 la cofradía de Jesús Nazareno redacta una escritura de dotación y obligación para recibir de Juan Rodríguez de Vivanco la donación de un retablo bajo unas condiciones a cumplir por la cofradía, a favor del donante y su esposa. En la redacción del documento se estableció la realización de “(…) doze figuras de los santos apóstoles, y Cristo salvador y un Cristo Crucificado con san juan y nuestra Señora al pie de la cruz y otra figura de nuestra señora que a de estar en una caxa y una figura de un niño jesús (…)” El trabajo de talla correspondió a Baltasar García, hermano de la cofradía y ensamblador, y las policromías al pintor Pablo Martínez. (César García Álvarez y Eduardo Álvarez Aller. Documentos inéditos sobre los primeros años de la Compañía del Nombre de Jesús Nazareno. Revista Dulce Nombre de Jesús Nazareno. León, 2013, págs 20-21.)

De éste modo ya tenemos presente la representación material del Niño Jesús en la cofradía, al menos desde 1615, imagen que centró la devoción al Dulce Nombre de Jesús en la hermandad de Jesús Nazareno, así como las fiestas y cultos propios del día uno de enero, la Circuncisión de la Cruz, la principal de la hermandad, conociendo, además, a los autores de la talla, Baltasar García en cuanto a la escultura y Pablo Martínez en cuanto a pintura.


2.- El impulso a la devoción del Dulce Nombre de Jesús “Niño” por parte de la cofradía de Jesús Nazareno. (1788 -1795)

No volveremos a tener noticias documentales a la fiesta de la Circuncisión celebrada por la hermandad ni de la imagen del Niño Jesús hasta 1787, cuando, gracias a los libros de Acuerdos y Cuentas de la cofradía de Jesús Nazareno, sabemos que por esas fechas continuaba haciendo la función de año nuevo, considerándola textualmente como la principal del año, y le costaba a la hermandad unos 30 reales que en alguna ocasión el abad, que era nombrado en ese día, pagaba de su bolsillo.

Niño Jesús de la hermandad del Amor. Iglesia del Divino Salvador. Sevilla. Foto. G. Márquez
En 1788, la cofradía compró para que llevase en la mano la figura del Niño Jesús, un “mundo de plata” por 50 reales, al año siguiente una “corona nueva para el niño” por otros 55, y en 1790 cuatro “orquillas”, (horquetas) enumerado todo como tal en el inventario de alhajas de la cofradía en 1793 del siguiente modo: “(…) un niño con su diadema y mundo de plata, (…) las andas del Niño con sus orquillas, (…)” [horquetas] Así, aparte de los atributos regios con que se distingue a la imagen del Niño Jesús de la cofradía, también observamos que la misma fue sacada en procesión, puesto que se señala que tiene también unas andas y horquetas.

Es decir, en estos años se percibe un mayor interés por parte de los cofrades de Jesús Nazareno en potenciar la devoción al Niño Jesús, tanto es así que el 11 de enero de 1795, el abad de la cofradía, Juan Genaro García, declaró según se redacta en las actas, que “(…) estando concedidas a los cofrades de las cofradías del Santísimo Niño Jesús muchísimas indulgencias y gracias, sería conveniente darlas a cuenta el sumario de ellas para que los fieles supieran deste tesoro y gozasen de sus gracias a cuio fin había estado con el Ilustrísimo Señor Obispo desta ciudad, y enterados dichos Señores acordaron se lleve adelante esta laudable devoción acudiendo a dicho Señor Obispo para obtener el beneplácito y licencia y que así hecho se pasen a la imprenta para que se tiren los ejemplares que parezcan al expresado Señor Abad de cuenta de la cofradía (….)”

Niño Jesús de la Hermandad de la Mortaja. Iglesia del convento de la Paz. Sevilla. Foto. G. Márquez
Respecto a este aspecto de las Bulas de Indulgencias al Nombre de Jesús, hemos de repasar rápidamente como el 20 de septiembre 1274 (Concilio de Lyón II), el Papa Gregorio X estableció la primera en defensa del Santo Nombre de Jesús, recibiendo los Dominicos una orden denominada “Constitución Numperim” a fin de venerar el Nombre de Cristo, y el encargo de fundar, en sus iglesias conventuales, altares bajo la advocación al Dulce Nombre de Jesús.

Dominicos, principalmente, y franciscanos como el propio San Francisco y el citado San Buenaventura ya habían dedicado sermones y enseñanzas a ensalzar el Nombre de Jesús.

En 1430 se fundó en el desaparecido convento dominico de San Pablo en Burgos la primera cofradía en España bajo la advocación al Dulce Nombre de Jesús, denominada como “Sociedad del Santo Nombre de Dios”.

Niño Jesús con la bola del mundo, de Praga. Iglesia de Santa Marina. León. Foto G. MárquezInmediatamente a la finalización del Concilio de Trento, (1545-1563) llegó el gran impulso a las hermandades del Nombre de Jesús, cuando el Papa Pío IV estableció en 1564 la bula "Iniuctum Nobis", por la que se ratificaban las reglas de las hermandades fundadas bajo la advocación al Nombre de Jesús y las dejaban bajo la protección del pontífice siendo desde entonces Pontificias Archicofradías del Dulce Nombre de Jesús. Su sucesor, Pío V, se reafirmó en 1571 en la bula "Decet Romanum Pontíficem", en la fundación de estas, pero también en que fuesen los dominicos quienes las promovieran. Al año siguiente, 1572, fue Gregorio XIII, Papa, quien aseguró las prebendas a los cofrades del Nombre de Jesús con la bula "Salvatoris Et Nómini Nostri Iesu Christi". Clemente VIII, también proclamó en su bula “Apud Santum Marian Mayorem”, el 3 de agosto de 1608, diferentes indulgencias para las hermandades del Dulce Nombre de Jesús.

No dudamos que todo ello sirvió para la fundación e institución en el convento de Santo Domingo de León de la Cofradía de Jesús Nazareno, que retomaría su devoción, como vemos, en 1795 con la publicación de alguna de las bulas citadas, de las que tristemente no hemos encontrado por el momento ninguna copia.

Niño Jesús de la hermandad del Valle.  Hermanos Rivas, siglo XVII. Iglesia de la Anunciación. Sevilla. Foto. G. Márquez
De todos modos, sabemos que la edición de las bulas del Nombre de Jesús tuvieron un coste de 78 reales, más 68 de la impresión, que se llevó a cabo en la Imprenta Rivero, (León, 1769-1833) siendo su fundador y propietario Santos Rivero, (abad de la cofradía de Jesús Nazareno en 1797) quien “(…) en atención al trabajo prestado (…) en componer y tirar las Bulas de indulgencias de Jesús graciosamente acordó la junta se le admitiese por hermano y diese carta de pago (…)”

Más aún, también en 1795 se realizó una nueva imagen del Niño Jesús a fin de colocarle en el altar mayor de la capilla de la cofradía en el convento de Santo Domingo, y se compró una cinta de seda encarnada, para la citada nueva imagen, por cuatro reales. La talla fue encargada a Bernardino Pérez, a quien se le entregará carta de pago, para el ingreso en la cofradía, según acuerdo de 1 de enero de 1796, por este motivo y también por el de “(…) arreglar las figuras de los Santos pasos que se descomponían”. El mismo Bernardino Pérez será quién realice el Ángel del paso de la Oración del Huerto en 1816, por 50 reales.

Niño Jesús con el estandarte de la compañía de Jesús. Iglesia de Santa Marina. León. Foto G. Márquez
Pero, ¿Por qué esta renovación devocional de la cofradía de Jesús Nazareno? Sin entrar en profundidad, fueron años muy complicados para esta, y para todas las cofradías, que con unos 70 hermanos y hermanas, había entrado en conflicto con los braceros de los pasos al no tener con que pagarles, o no querer, por el trabajo de llevar los cinco pasos con los que contaba para hacer la procesión del Viernes Santo por la mañana, aunque este es otro tema. Lo cierto es que sería, en parte motivado, por el informe de cofradías solicitado por Orden del Conde de Aranda el 22 de diciembre de 1770, las consecuencias del mismo para la extinción de cofradías, y del decreto del Rey Carlos III, que con fecha 20 de febrero de 1777, prohibió los disciplinantes, empalados y penitentes de sangre. La hermandad buscaría con la potenciación de la devoción al Niño Jesús, y con la edición de las bulas al Nombre de Jesús, el ingreso de nuevos hermanos que asegurasen la pervivencia de la hermandad penitencial nazarena.

La cofradía logró sobrevivir a estos envites, pero no la devoción al Niño Jesús, ni la imagen que lo representaba así como sus atributos y enseres, pero ¿Por qué?


3.- La desaparición total de la figura del Niño Jesús, sus enseres y de la propia celebración de la fiesta de la Circuncisión por parte de la cofradía de Jesús Nazareno. (1804-1832)

Niño Jesús con los atributos de la Pasión. Detalle del lienzo de la Sagrada Familia. José de Mongastón, 1674. Iglesia del Convento de la Concepción. León. Foto G. MárquezSabemos que los abades de Jesús Nazareno no rinden cuentas entre 1804 y 1808, y entre esta fecha y 1815 la cofradía se extinguió. La invasión francesa y el incendio del convento de Santo Domingo en enero de 1809 fueron los responsables.

En 1816, la cofradía se reorganizó y hace un inventario de alhajas, enumerando entre otros; “Dos toneletes del niño encarnados, otro morado, otro de seda blanco con flores, cuatro túnicas de varios colores, (…), cuatro pares de manguitos, dos camisas, dos balones. (…)” Es muy interesante esta referencia, ya que nos aporta el conocimiento necesario para afirmar que la figura del Niño Jesús de la cofradía, era vestida de diferente modo a lo largo del año, con seguridad, correspondiéndose con la liturgia y los colores establecidos en la misma, al igual que continúan haciéndolo múltiples cofradías de España. De rojo (encarnado) o blanco en las festividades sacramentales y de morado durante la cuaresma y la Semana Santa.

Por otro lado, y aunque se señala en 1815 la celebración de la fiesta de año nuevo como la principal, con un coste de 110 reales, no se vuelve a citar la imagen del Niño Jesús, por lo que pienso que esta, a diferencia de la de Jesús Nazareno, sí se perdió en este periodo o pudo quemarse, en el citado incendio, porque en el siguiente inventario, 1817, se afirma que “(…) bola y diadema de plata se han destinado para hacer dos insignias para lo que se entregaron al maestro platero Mateo Cruz García.” Los manguitos para el Niño siguen existiendo en enero de 1827, pero en 1832 la cofradía ingresa 54 reales “(…) que valieron algunos vestidos del niño Jesús que se vendieron por que se echaban a perder”.

Y así, en 1832, desapareció definitivamente, todo rastro del Niño Jesús en la cofradía del Nazareno de León tras 200 años; la imagen devocional, su culto y procesión del primer día de enero. Fecha en la que continuó celebrándose la misa y que fue el momento de elección del abad de la hermandad, pero ya no como fiesta principal, pues la misma documentación de la cofradía deja en desuso ésta distinción, apuntado ya únicamente en los libros como “año nuevo y nombramiento.” (Del abad)


4.- Apuntes y conclusiones finales.

Dos apuntes para finalizar. El primero es que en León, la advocación al Nombre de Jesús no fue exclusiva de la hermandad penitencial fundada en el convento de Santo Domingo, ya que, al menos existieron otras cuatro cofradías más bajo la advocación al Nombre o Dulce Nombre de Jesús, una en la iglesia del Mercado, otra en la de San Martín, también en el convento de San Francisco, como Nombre de Jesús y San Buenaventura, y la última en la iglesia de Santa Marina. Todas se extinguieron y solo en Santa Marina se conservan tres imágenes que representan al Niño Jesús, la principal, de la extinguida cofradía Sacramental del Dulce Nombre de Jesús y que es sacada en una procesión, la del Corpus Christi de la Catedral de León por los hermanos de la cofradía del Santo Cristo del Desenclavo y por las hermanas de la cofradía Agonía de Nuestro Señor alternándose anualmente. Referente a las otras dos representaciones del Niño Jesús en la iglesia de Santa Marina, una se conoce como Niño Jesús de Praga, en la que el Niño sostiene una bola del mundo con su cruz y el otro perteneció a la Compañía de Jesús, orden fundadora del actual templo de Santa Marina, originariamente bajo la advocación a San Miguel y los Ángeles. De los pertenecientes a las cofradías del Dulce Nombre de Jesús del Mercado, de San Martín, y del convento de San Francisco, el primero se ha llevado al Museo Diocesano y de los otros dos en este momento no sé nada al respecto.

Cruz de guía de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno en la hornacina del altar mayor de Santa Nonia durante el besapie a Jesús Nazareno. León, cuaresma de 2013. Foto G. Márquez
El segundo y último apunte es una valoración personal referente a la recuperación, por parte de la actual cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, de una imagen del Niño Jesús que lo represente, ya que históricamente está documentado, al menos tuvo dos, devocionalmente también, puesto que desde el origen de la hermandad penitencial se afirma en la celebración de la festividad de la Circuncisión como fiesta principal de la cofradía, y además conocemos que como atributos llevaba una bola del mundo, con seguridad rematada por una cruz, y una corona, ambas en plata, así como tres túnicas de distintos colores con los que vestirle, además de poseer andas y horquetas propias para ser sacado en procesión.

Tanta información no deberíamos, ahora que la tenemos, dejarla en la simple divulgación y casi 200 años después de la desaparición del Niño Jesús del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, bien haríamos en recuperar una tradición que, aunque perdida en el tiempo, no deja de ser una tradición de nuestros orígenes, de los cultos y devoción de la cofradía así como de nuestra cultura e historia.

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