sábado, 19 de octubre de 2013

LAS COFRADÍAS PENITENCIALES DE LEÓN A TRAVÉS DEL CATASTRO DEL MARQUÉS DE ENSENADA. 1750-1755. (Los bienes de las cofradías)


Traigo en esta ocasión un artículo publicado en el año 2003 en la Revista Semana Santa que me fue encargado por la coordinadora de dicha publicación, la periodista Susana Vergara y editada por el periodico Diario de León. 

Este trabajo trataba de recopilar la información existente en el Catastro del Marqués de Ensenada respecto a las posesiones que tenían las tres cofradías penitenciales leonesas, Vera Cruz, Angustias y Soledad, así como la de Jesús Nazareno, a mediados del siglo XVIII, tanto en el ámbito de la ciudad de León, como en otras localidades, pudiendose establecer una interpretación de la situación económica de las citadas hermandades en función de las rentas recibidas anualmente. 

LAS COFRADÍAS PENITENCIALES DE LEÓN A TRAVÉS DEL CATASTRO DEL MARQUÉS DE ENSENADA. 1750-1755.

Márquez García, G. “Los bienes de las cofradías.”  Diario de León. Revista de Semana Santa. 2003, págs. 56-60. 

En tiempos del rey Fernando VI, que reinó entre 1746 (año de la muerte de su padre Felipe V), y 1759, se realizó en toda la Corona de Castilla un gran expediente de los habitantes e instituciones religiosas, las tierras y casas que poseían, sus rentas y oficios, sus ganados, e incluso de los préstamos sujetos a hipoteca que habían contraído, que entonces recibían el nombre de “censos”. La confección de este gran informe fue ordenada por el rey a propuesta de su secretario de hacienda, el Marqués de la Ensenada, y por ello recibe hoy el nombre de Catastro de Ensenada, pues la palabra catastro significa averiguación o pesquisa, realizada por un grupo de funcionarios que se desplazaban a las ciudades, villas y aldeas para dirigir la investigación.

La realización de este catastro abarcó los años de 1750 a 1755, y nos sirve ahora como fuente para conocer, entre muchos aspectos económicos y sociales de la España del siglo XVIII, el patrimonio económico de las cofradías.

En el caso leonés y atendiendo únicamente a la ciudad de León se citan 63 cofradías, excluyendo Puente Castro y Villaobispo, estando presentes las hermandades penitenciales de la Santa Vera Cruz, instituida en el convento de San Francisco, mientras que en el de Santo Domingo, se sitúan la de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, y la de Jesús Nazareno.

Estas cofradías, puede que hubiera alguna más, tienen una serie de pertenencias, muchas de ellas serían probables donaciones en concepto de heredades, que las proporcionaban unas rentas anuales utilizadas para sus funciones, o bien eran invertidos con destino a generar nuevos bienes, tanto patrimoniales como económicos.

De este modo conocemos como la cofradía de la Santa Vera Cruz era propietaria en la ciudad de León de, “(…) una casa en la plazuela de Don Gutierrez, parroquia de Nuestra Señora del Mercado, con habitación alta y baja, portal, bodegón y pozo, tiene de frente veinte y seis pies, y cuarenta y seis de fondo, linda al oriente con calle de Don Gutierrez, al norte con calle Real, al norte y mediodía con dicha plazuela. Avítala Juan diez de la Portilla y paga por su renta en cada año doscientos y veinte reales”. Añadiendo la siguiente observación: “Esta renta con las demás que tiene dicha cofradía fuera de los términos de esta ciudad se distribuyen en limosnas de misas, dotaciones, subsidio, oferta de difuntos y otras que dicha cofradía cumple anualmente.” Por otro lado y en la localidad de Cabanillas, dicha cofradía tiene un censo por valor de 1714 reales, que abonaban los vecinos del pueblo en cuotas de 51 reales y 14 maravedíes. En Campo y Santibáñez, el vecino Domingo de Santa María pagaba 8 reales y medio, anualmente, por un préstamo de 25 ducados, y Bartolomé Aller satisfacía 16 reales y medio por otro de 50 ducados, también habitante de dicha población.

Aparte de estos prestamos la hermandad de la Vera Cruz, del franciscano convento leones, poseía diferentes tierras, así en Campo y Santibáñez, tenía, siete tierras centenales de secano, cinco tierras trigales de las que cuatro se hallaban en regadío, cinco prados de regadío y otros dos de secano. Señalando que “Tiene en campo concejil y en los prados nominados nueve chopos (…)”  y también “(…) diez y nueve negrillos”.  Todo ello se hallaba arrendado a Manuel Diez y Maria García “(…) vecinos de aquí, pagan al año noventa reales (…).” 

En la localidad de Fuentes de los Oteros, la misma cofradía de la Vera Cruz poseía dos tierras trigales “de buena calidad”, llevadas “(…) en arriendo Christoval Gallego vecino de el lugar de San Pedro por las que anualmente paga cuatro heminas y media de trigo (…).”  Más bienes posee dicha hermandad en Represa del Condado, concretamente en “el sitio que llaman la Forcada” era propietaria de “(…) una tierra trigal secano a medios años (…)”, dos tierras trigales de secano, otros tres trigales de buena calidad y un centenal de secano de calidad media. El arrendatario era Fernando Fernández, vecino de la localidad de Villamayor, el cual abonaba a la hermandad, todos los años, una hemina y media de pan, así como media de trigo y centeno respectivamente. Un prado de regadío poseía en Trobajo del Camino, arrendado a Pedro García, vecino de dicha localidad, el cual pagaba 20 reales. También en Trobajo del Cerecedo, “en el sitio de Barrio” poseía la cofradía de la Vera Cruz, “(…) una huerta Regadío (…) en la cual tiene seis nogales y seis negrillos (…) otra tierra secano medios años (…) con buena calidad (…) y tiene en el sitio de la fuente (…) tres centenales de secano”. La anotación final dice que Pedro Rodríguez, vecino de dicho lugar “Paga por estas heredades de renta anualmente cuarenta reales de vellón y seis heminas de centeno (…)”  El mismo vecino tenía arrendada a la cofradía de la Vera Cruz, en el “Valle Albarin” de la localidad de Villacedré una tierra centenal de secano por la que abonaba dos heminas y media de centeno anualmente. En Villabalter, la citada hermandad poseía “(…) un prado en el paso del soto (…) otro en dicho paso de regadío.” Así como dos tierras, “en dicho paso”, centenales de secano “que da fruto a segundo año”, siendo llevadas en renta por Santos Fernández en siete reales y medio anualmente.

Por otro lado la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad tenía en la ciudad de León, un préstamo por valor de “(…) cien ducados, fundado sobre el oficio de Procurador de los Números de esta Ciudad que hoy obtiene Isidoro Diez de la Portilla y paga anualmente, por sus réditos a tres por ciento, treinta y tres reales de vellón”; y otro que alcanzaba la cifra de “(…) mil y cien reales fundado sobre el oficio de Procurador de los Números de esta ciudad que poseen los herederos de Don Manuel Suárez vecino que fue de esta referida ciudad y pagan por sus réditos anualmente treinta y tres reales vellón”. Más dinero tenía prestado al pueblo de Toldanos, en concreto 150 ducados, por los que percibía un importe anual de 49 reales y 17 maravedíes. Asimismo en la localidad de Cabanillas la “cofradía de Nuestra Señora de las Angustias sita en Salvador de Palacio de Rey. Tiene a su favor un censo de principal de mil seiscientos y cincuenta reales contra Pedro García vecino de aquí.”  Si bien es cierto que esta ultima noticia habla de la cofradía de las Angustias de Palat de Rey, creo que es un error del escribano o inspector del Catastro, ya que no tenemos constancia de la existencia de cofradía alguna con esta advocación en dicho templo, por lo que debemos incluir esta renta en beneficio de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad de la Madre de Dios, instituida en el monasterio de Santo Domingo de León, siendo este todo el patrimonio económico atribuido, según el Catastro de Ensenada, a la citada mariana hermandad.

También en el convento dominico leonés se hallaba instituida la cofradía de Jesús Nazareno que poseía en el pueblo de Aldea de la Valdoncina cuatro tierras centenales de secano, un centenal de ínfima calidad, dos tierras trigales de secano, un trigal de mediana calidad, y cuatro prados de secano, arrendados a Manuel González, vecino de la localidad, el cual pagaba anualmente ocho heminas de centeno. En Marialba de la Ribera la misma cofradía de Jesús Nazareno tiene un préstamo por valor de cien reales con Santiago Barrera, por el que saca un beneficio de tres reales. Mayor era el censo que poseía contra Francisco Villavante Alonso, presbítero y vecino del Paradilla de la Sobarriba, que pagaba anualmente a la cofradía 33 reales por un valor total de cien ducados. Por último la “nazarena” hermandad tenía prestados 368 reales a José Alonso, vecino de Villanueva del Carnero, que abonaba la cantidad de 11 reales.

Aparte de los ingresos económicos de estas hermandades, conocemos como las cofradías de Nuestra Señora de las Angustias y Jesús Nazareno pagaban al monasterio dominico, donde se hallaban instituidas, una renta anual. De este modo se dice: “Setenta y cuatro reales que en cada un año paga la cofradía de las Angustias sita en dicho convento, por dos misas cantadas, una procesión, y doce misas rezadas que cumple cada año dicho convento.”, (…) “Setenta y tres reales y medio que en cada año paga a dicho convento la cofradía de Jesús Nazareno, por cuatro misas cantadas al año y una rezada cada mes, que cumple dicho concento en la capilla de el donde esta sita dicha cofradía.” Respecto a la cofradía de la Santa Vera Cruz, no se señala que entregase ninguna compensación económica al convento de San Francisco.

Concretando toda esta información, podemos decir que la cofradía de la Santa Vera Cruz ingresaba anualmente, hacia el año 1750, 453 reales y 31 maravedíes, resultado del arrendamiento de una casa, catorce tierras para el cultivo del centeno, once trigales, una tierra de secano, una huerta y diez prados con veinticinco negrillos, nueve chopos y seis nogales, así como los réditos de prestar la cantidad de 2546 reales y medio, a lo que hay que añadir 73,6 kilos de trigo, 132,48 kilos de centeno y 22,8 kilos de pan. La cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, recibía la cantidad aproximada de 164 reales (a la que debemos descontar los 74 que abonaba al convento de Santo Domingo) por diferentes préstamos que alcanzan un valor de 5035 reales. Como podemos observar a esta hermandad no se le atribuye ninguna tierra en el Catastro de Ensenada. Por último, la cofradía de Jesús Nazareno obtenía un beneficio anual de 47 reales, que no alcanzaban para abonar al convento de Santo Domingo los 73 reales y medio para pagar la compra de la capilla del convento donde tenía su altar. Este importe era el beneficio de los prestamos a su favor, por valor de 1578 reales, así como del arrendamiento de cinco tierras centenales, tres trigales y cuatro prados de secano, por los que, además, obtenía 117,76 kilos de centeno al año.

De este modo hemos de concluir con una observación obvia, y es la considerable diferencia de posesiones, y consecuentemente de ingresos, entre las cofradías penitenciales leonesas según el Catastro del Marqués de Ensenada, signo que denota una mayor importancia de los actos de unas hermandades sobre los realizados por otras. Estos, podían ser más o menos destacables atendiendo a criterios históricos de antigüedad o solemnidad en los diferentes cultos, celebraciones y procesiones que tenía a su cargo cada hermandad, y este fondo documental, el Catastro de Ensenada, nos confirma la preferencia de la Vera Cruz. Hecho objetivamente lógico, ya que fue la primera fundación como hermandad penitencial de la ciudad que, además, realizó el primer cortejo de disciplina durante la Semana Santa leonesa, siendo también la organizadora de la procesión del Santo Entierro desde 1628, aspectos que, unidos al patronato municipal ejercido desde 1640 sobre la hermandad, hicieron que esta cofradía fuera la preferencial por parte de los leoneses. Respecto a la hermandad de las Angustias, muestra una buena posición, sin tierras, pero con una importante cantidad invertida en préstamos personales, ejemplo de un reconocimiento social y desahogo económico, al contrario que la cofradía de Jesús Nazareno, cuyos ingresos patrimoniales no llegaban para pagar al convento de Santo Domingo la renta anual acordada el 21 de abril de 1615.

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