martes, 19 de marzo de 2013

VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS. Atribuida a la escuela de Juan de Juni, último tercio del siglo XVI.

ANGUSTIAS Y SOLEDAD
Lunes Santo
Martes Santo
Viernes Santo. (años pares)


Virgen de las Angustias. Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. León. Foto G. Márquez.
La Virgen de las Angustias, primera titular de la hermandad de las Angustias y Soledad de León, es una talla de bulto redondo y de las imágenes más destacadas a nivel histórico y artístico y también una talla fundamental en la historia de la Semana Santa de León puesto que nos encontramos ante uno de los primeros pasos, junto con el Cristo del “Desenclavo” de la hermandad de la Vera Cruz, originados a finales del siglo XVI.

Esta pequeña joya del Renacimiento leonés ha sido atribuida a Juan de Juni, Juan de Angers o Guillermo Doncel, escultores, todos ellos, venidos a León para la obra de la Iglesia y convento de San Marcos. Lo cierto es que estos artistas desaparecen al finalizar la década de 1570, cerca de fundación de la capilla de la Virgen de las Angustias y Nuestra Señora de la Soledad, en 1572, por Juan Antonio de Mayorga, en el seno de la iglesia del Convento de Santo Domingo, lugar donde quedaría establecida la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, el 9 de febrero de 1578, siendo su primer abad el pintor Gregorio de Herreras.

El tema iconográfico de la Virgen en su Sexta Angustia o de la Piedad representa a la Virgen María como “Mater Dolorosa” llorando la muerte de su Hijo, cuyo cuerpo reposa en su regazo. De éste modo, la Virgen queda vinculada con la Pasión de Cristo mediante una misterio que combina los sufrimientos de Jesús y los Dolores de María.

El origen de éste modelo podemos encontrarlo en Alemania hacia el 1300, según opinión de Panofsky, aunque en España no aparezca y prolifere hasta fines del siglo XIV o principios de XV, penetrando vía Flandes.

Aunque no podemos olvidar que existen representaciones en las que la Virgen con su Hijo muerto, acompañado por las figuras de San Juan, José de Arimatea, Nicodemo y las Santas Mujeres aparecen como parte del ciclo iconográfico de la Pasión de Cristo en el arte bizantino, que influye en la Italia trecentista. Dicha escenificación podemos encontrarla en la composición del Crucifijo pintado y realizado por el Maestro de San Mateo  para el convento homónimo de Pisa, (Museo Cívico de Pisa), hacia el año 1220. En él se hallan las representaciones desde la Muerte en la Cruz a la Duda de Santo Tomas, pasando por el tema del Llanto sobre Cristo Muerto en el que se describe lo arriba señalado. Pero efectivamente, el tipo iconográfico de la Piedad, propiamente dicho, tiene su génesis y gran desarrollo en el área alemana, donde se denominará “Vesperbild”, siendo más popular en ésta zona que en Italia.

Dicha representación se confunde, algunas veces, con los temas del Llanto sobre Cristo Muerto y con el Sepelio, puesto que suele incluirse en ellos la figuración de la Piedad, si bien debemos decir que se diferencia de ambos, en que ésta constituye una escenificación intemporal entre el Descendimiento de la Cruz y el Santo Entierro, teniendo un carácter básicamente devocional en oposición a lo narrativo. De éste modo se convierte en lo que se denomina como “Imago Pietatis”, es decir, una representación que por medio de la contemplación individual suma al espectador en el contenido religioso, como idea originada en el pensamiento franciscano del siglo XIII. Así el Pseudo Buenaventura cuenta, en las “Meditationes de Passione Christi” incluidas en las “Meditationes Vitae Christi”, que "Cristo estaba tendido en el suelo después del desenclavo, y apoyaba su cabeza y hombros sobre el regazo de su Madre".

Su testimonio fue confirmado en la poesía mística alemana de fines del siglo XIII y principios del siguiente, como es el caso del maestro dominico Eckhart y su discípulo Johann Tauler.

Influirán, también, las “Revelaciones” de Santa Gertrudis, a quien Jesús cuenta los detalles de su Pasión describiéndole, entre otras cosas, la corona de espinas con 77 púas de 3 puntas cada una; y las “Revelationes de Vita el Passione Iesu Christi” de Santa Brígida de Suecia que insiste en el aspecto sanguinolento del cadáver del Crucificado.

Virgen de las Angustias. Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. León. Foto G. Márquez.Todo esto dará pie a los artistas alemanes para representar el tema de la Piedad de una forma horrible y espantosa, como sucede en la Piedad de Rottgen (Museo del Estado, Bonn), obra de principios del siglo XIV, en la que del pequeño cuerpo de Cristo surgen manantiales de sangre a borbotones de las cinco llagas, y el rostro de la Virgen, lleno de arrugas, muestra un exceso de dolor, y así de el espectador adquiere una devoción a partir de la contemplación del trágico dolor, equiparable al que sentían las madres que veían morir a sus hijos por las pestes que asolaron centroeuropa a mediados del siglo XIV, buscando esperanza y consuelo al observar la Angustia de María.

Sin embargo, a medida que abandonamos la Baja Edad Media, María dejará de exteriorizar, tan marcadamente, su sufrimiento. Se tenderá a una mayor expresión lírica en la que el cuerpo de Cristo no se encuentra tan lacerado: es el ejemplo de la Piedad de Seeon (Museo Nacional de Baviera, Munich), que realizara el Maestro de Salzburgo alrededor del primer cuarto del siglo XV, en la que el cadáver de Cristo adquiere una posición que tiende a la horizontalidad, modelo difundido y que tiene su réplica en las Piedades del Museo  Diocesano de la Catedral de León, una procedente de Codornilla y la otra de la propia Santa Iglesia, destacando la última, ambas de la segunda mitad del siglo XV.

Virgen de las Angustias. Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. León. Foto G. Márquez.
Pero éste creciente lirismo, presente en el tema de la Piedad, es mayor si lo comparamos con las representaciones de la Virgen con el Niño Jesús sentado en su regazo, que desde el mundo bizantino contagia las formas románicas occidentales, teniendo gran trascendencia en el arte cristiano y su máximo exponente en las bellas Madonnas del Renacimiento italiano; y es que los dos temas son paralelos y marcadamente contrapuestos. Así, la alegría de la maternidad de la Virgen Madre se ve truncada por la muerte de su Hijo, y el bello e infantil cuerpo vivo de Jesús se contrasta al pesado y martirizado de un Dios que hay que sostener, amortajar y sepultar. Ésta correlación nos la comunica, en el siglo XV, el franciscano San Bernardino de Siena, cuando dice: "La Virgen, creyó que habían retornado los días de Belén, se imaginó que Jesús estaba adormecido y lo acunó en su regazo; y el sudario en que le envolvió le recordó los pañales”.

Por otro lado, en la difusión del tema de la Piedad no sólo intervienen aspectos místicos, literarios, devocionales y artísticos, también existe el motivo cultual. Podemos apreciar, con claridad, como el punto central de referencia, en este tipo iconográfico, es la Virgen María, que desde los primeros momentos del cristianismo se convierte en la personificación mediadora entre Dios y los hombres, de éste modo pasa a ser “Refugium Pecatorum”, y así es expresado en los Evangelios Apócrifos, tan difundidos por el arte gótico.

El culto creciente a María, y sus diversas advocaciones, tiene el impulso de la fundación en Florencia, 1232, de la Congregación de los Siervos de María, Servitas, por San Felipe Benicio y siete caballeros florentinos que se propusieron servir a María y meditar sobre sus Siete Dolores; instituyéndose canónicamente una fiesta propia, Compasión de la Santísima Virgen o Nuestra Señora de la Piedad y las Angustias, en el Concilio de Colonia de 1423, para reparar el daño que el hereje Juan de Huss y sus seguidores habían realizado quemando las imágenes en que la Virgen sostenía el cuerpo muerto de su Hijo. Esta se celebra el viernes precedente al Domingo de Ramos, conocido como Viernes de Dolores.

Esta veneración a los Dolores de María tiene su primera manifestación plástica en el retablo de Nuestra Señora de los Dolores, Virgen de los Siete Dolores, pintado por Isenbrant en la iglesia de la Virgen María en Brujas, hacia mediados del siglo XVI, por encargo de la viuda de un miembro de la cofradía de la Sangre de Cristo,  “Confrerie du Saint Sang”, representando en él los pasajes de la Circuncisión de Jesús, Huida a Egipto, Presentación en el templo, Encuentro en la calle de la Amargura, Crucifixión -Calvario-, Piedad-como parte del tema del Llanto sobre Cristo Muerto-, y el Santo Entierro.

Como hemos visto, son múltiples los factores que fomentan ésta representación, pero ninguno de ellos ayudó tanto como la interpretación que Miguel Ángel realizará entre 1498-1499, con la realización de la Pietá del Vaticano. Tengamos en cuenta que por éstas fechas pudo tallarse la Virgen del Mercado de León.

En nuestro país lo reinterpretó Juan de Juni, según se manifiesta en los relieves de terracota policromada conservados en el Museo Provincial de León y el Diocesano de Valladolid; altorrelieves en la Colegiata de Medina del Campo y en el sepulcro del arcediano Gutiérrez de Castro en la Catedral Vieja de Salamanca; así como en la figura de bulto, en barro cocido y policromado, exhibido en el Museo Marés de Barcelona. Caracterizándose todas ellas por la violencia del abrazo de la Virgen al cuerpo de su Hijo.

La influencia de Juni propiciará que en el segundo tercio del siglo XVI, algún cercano discípulo realizase la bella imagen de la Virgen de las Angustias, propiedad y una de las titulares de la leonesa cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad.

Estos importantes datos históricos justifican la profunda devoción que tienen los cofrades de la hermandad penitencial mariana, y de gran cantidad de leoneses, hacía la Virgen de las Angustias como imagen devocional, probablemente utilizada para la procesión del Viernes Santo por la noche, organizada por la hermandad de las Angustias en los primeros momentos de su fundación, que muestra a través de su rostro la resignación de una Madre desolada en el dolor producido por la muerte de su Hijo, expresando una calma y dulzura dentro de los postulados plásticos del Renacimiento italiano.

Serenidad en los rostros de la Virgen y Cristo, la primera por aceptar el sacrificio, incomprensible, para la redención del género humano, el segundo por el descanso, como hombre, al finalizar el sufrimiento de su tortura.

La imagen de Nuestra Señora de las Angustias fue restaurada en el año 1995 por el Instituto de bienes culturales de la Facultad de Bellas Artes de Madrid dependiente del Ministerio de Cultura.

La Virgen de las Angustias llegó a ser vestida con un pequeño manto, exento del mismo en la actualidad, presenta una corona de la escuela de orfebrería de Astorga del siglo XVIII y es sacada en las procesiones de la hermanad de Angustias y Soledad en un trono realizado en el año 1948 en el taller de Víctor de los Ríos, con una bella decoración en roleos de hojas de acanto y rematado en las esquinas con cuatro vistosas águilas con las alas abiertas. Posteriormente fue ampliado en 1990 por Luis Estrada Escanciano, ganando altura y dorado en su conjunto en el año 2010.

BRACEROS
92

MÚSICA
Lunes Santo. Agrupación musical de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. (León, 1991)
Martes Santo. Banda de cornetas y tambores de la cofradía de Nuestra Señora de las Anguistias y Soledad. (Femenina. León, 2001)
Virgen de las Angustias. Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. León. Foto A. Márquez.


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