viernes, 2 de noviembre de 2012

LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ QUE PERDIÓ SU CRUZ.

Es curioso observar como un hecho que se produce en algún momento de la historia, puede borrar el pasado a medida que el tiempo avanza y la memoria de la existencia vital del ser humano se diluye hasta la muerte de la misma.

De las contradicciones de la Semana Santa de León y de sus cofradías, que muchas veces se termina tildando de tradición, hay una, entre otras, que llama particularmente la atención, y que se concreta en como la cofradía de la Vera Cruz de León, tras su unión con la del Santísimo Sacramento de Minerva en 1895, perdió en su emblemática la representación de la Santa Cruz, estableciéndose como símbolo identificativo de las cofradías unidas de Minerva y Vera Cruz, el Cáliz y la Sagrada Forma, propias de la hermandad sacramental.

Estandarte-guión de la Real cofradía de Minerva y Vera Cruz. León. Foto. G. Márquez. 
Pretendo proponer aquí una reflexión sobre la pérdida de identidad que supone la eliminación de una referencia iconográfica tan importante como es la devoción penitencial a la Santa Cruz, y el error que ha supuesto el no recuperarse en la emblemática de la cofradía de Minerva y Vera Cruz durante los últimos 117 años, la cual, desde 1996 tiene el título de Real Cofradía otorgado por la casa de Su Majestad el Rey Juan Carlos I y cuyo atributo, la Corona Real, sí ha sido incorporada al estandarte y escudos de la hermandad sacramental y penitencial.

Detalle de las pinturas murales en la capilla del Santísimo Sacramento de la Iglesia de Santa María Sopra Minerva. Roma. Foto G. Márquez.
La importancia enorme que ha tenido la representación de la Cruz en el mundo Cristiano y Católico, en su origen y hasta nuestros días, desde el punto de vista de la teología, la devoción, la historia, la cultura y el arte, es incontestable, y ha generado tanta documentación que cualquier interesado en el tema puede encontrar y acceder a un gran volumen de información y formación en archivos y bibliotecas. Solo quiero recordar, que la aceptación de un nuevo cristiano en la sociedad se hace mediante la imposición del Sacramento del Bautismo, dibujando una Cruz con agua bendita en la frente, al igual que se realiza el Miércoles de Ceniza que abre el tiempo de Cuaresma, pero con cenizas, o el momento en que se despide a los difuntos, cuando sobre el féretro, el sacerdote lo bendice con agua bendita, también dibujando una Cruz sobre el mismo.

Emblema actual de la hermandad de la Santísima Vera Cruz de Sevilla. Foto G. Márquez


La hermandad de la Vera Cruz fundada en el monasterio de San Francisco de León, remonta su existencia conocida al año 1513. Son los Franciscanos los que difunden la devoción a la Santa Cruz  y a las llagas de Cristo por ser los Franciscanos los Guardianes de los Santos Lugares de Jerusalén y por ser San Francisco de Asís el primer estigmatizado.

Cristo articulado de la hermandad de la Vera Cruz, denominado como Santo Cristo del Desenclavo. Foto. Fco. Javier Haro Gallego
De una gran influencia en las procesiones y en la Semana Santa de León, la Vera Cruz llevó su devoción por las calles de la ciudad, primero en su procesión de disciplina del Jueves Santo, que era abierta por un individuo que llevaba un crucifijo, al igual que otras hermandades bajo la advocación a la Cruz fundadas en otras múltiples localidades de la geografía peninsular hispana. Más tarde y por una razón aún desconocida, comenzó a encargarse de la procesión del Santo Entierro, declarándose como Patrono de la hermandad el Ayuntamiento de la ciudad en varias ocasiones. Para asegurar la supervivencia de la cofradía de la Santa Vera Cruz, ante el inminente mandato para la extinción de cofradías implícito en la orden del Conde de Aranda de 1770, el Ayuntamiento, el 29 de febrero de 1772, sugirió que se la fusionasen las cofradías instituidas en el convento de San Francisco. Aunque, como a todas las hermandades, le fueron expropiados sus bienes, por lo que su supervivencia y la celebración de sus misas, procesiones y fiestas de la Cruz de Mayo y la de Septiembre, se hicieron muy complicadas; algo comprensible, puesto que siendo la hermandad penitencial que más ingresos tenía y más gasto hacía, su adaptación a la nueva situación se vio comprometida y dio origen a su decadencia, algo que les sucedió a otras hermandades bajo la advocación a la Santa Cruz, como es el caso de la de Sevilla.

Cristo de palo de rosa que acompañado de los ciriales abre las procesiones de la cofradía de la Vera Cruz de León. Foto G. Márquez
Fue en éste momento cuando el decreto de Carlos III, el 20 de febrero de 1777, prohibió los disciplinantes, empalados y penitentes de sangre en las procesiones de la Semana Santa, que supondría la eliminación de la procesión de disciplinantes del Jueves Santo, quedando en años venideros a cargo de la franciscana y penitencial cofradía de la Vera Cruz leonesa, la otra procesión organizada por ésta, la Solemne procesión del Santo Entierro, tal y como se documenta en el Archivo Histórico Municipal.

La decadente situación económica de las hermandades penitenciales, más aún tras la Guerra de Independencia con el ejercito francés, motivó en 1830 el acuerdo entre la cofradía franciscana de la Vera Cruz y la dominicana de las Angustias y Soledad, para organizar en conjunto la procesión del Santo Entierro, pero alternando sus pasos y el lugar de salida de la misma, o del convento de San Francisco en los años impares o desde el de Santo Domingo los años pares.

Cartola pintada por Adela Pérez Piñó del paso del Santo Cristo de la Humillación y Paciencia. Foto G. Márquez
Pero aún más apuros tendría que pasar la hermandad de la Santa Cruz, y es que en 1835, la Desamortización de Mendizábal que afectaba a conventos y monasterios la obligó a buscar casa, encontrándola en la iglesia parroquial de San Martín, desde donde ya partió por primera vez la procesión del Santo Entierro en 1837; encontrado también su establecimiento, la hermandad de Angustias y Soledad y la de Jesús Nazareno en la capilla de Santa Nonia. 

No debió de llegar mucha prosperidad a la trasladada hermandad la Vera Cruz, puesto que conocemos como pasa por verdaderos problemas a la hora de poder sacar la procesión del Santo Entierro los años que le correspondía, pidiendo ayuda a la hermandad de las Angustias, al Obispo y al Ayuntamiento, y que a la postre supuso la unión, en 1895, con la Sacramental de Minerva bajo la iniciativa del párroco de San Martín, 50 años después de abandonar la casa en la que había nacido la hermandad, el convento de San Francisco, donde llevaba fundada desde hacía más de 300 años.

Es cierto, que a diferencia de otras hermandades penitenciales bajo advocación a la Santa Cruz, la de León no llegó a desaparecer, gracias a la intervención parroquial, pero, ¿que perdió por el camino?

En realidad perdió, aparte de la mayor parte de su patrimonio, lo más importante, la efigie de la Cruz en su emblema, sus estandartes, sus insignias y en la propia denominación de la hermandad que comenzó a apodarse, simplemente, como "Minerva", algo que ha arrastrado hasta hoy en día y que a mi modo de ver debería enmendarse, y que supondría el reconocimiento de su propia historia, de la que participó la población de León y todos aquellos hermanos y hermanas que formaron parte de la misma.

Emblema en los altares de la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén. Roma. Foto G. Márquez
¿Porque nunca se ha atendido a renovar la devoción a la Vera Cruz desde la unión con la Sacramental de Minerva? Pues es sencillo, la pobreza con la que debió llegar a la unión en 1895 hizo que usara las insignias de la Sacramental, tal y como se señala en su regla, que si bien no tenía una situación óptima, es cierto que su gasto en funciones públicas era menor. Por otro lado, aquel momento en la historia de la Semana Santa de León no fue el más esplendido, y la memoria ya se había comenzado a diluir, dejando marginada y olvidada aquella hermandad penitencial más importante de León y sobre todo su identidad, acrecentada por la desaparición de la documentación de la Vera Cruz, que confiamos que en algún momento llegue a aparecer en parte.

Esa memoria extinguida pasó a llamarse tradición, y antes de ella no se consideró más, igual que desaparecieron las cofradías que se habían fusionado en 1772 con la hermandad de la Vera Cruz; las de San Blás, San Fabián, San Sebastián, Santo Cristo de la Victoria, Nuestra Señora la Nueva y Santa Gertrudis, de las que solo conservamos su denominación documental y por ello sus advocaciones nunca recuperadas.

En la década de 1920, Minerva y Vera Cruz tomaría un nuevo impulso con la adquisición de nuevas imágenes, que se prolongaría hasta 1951, y la realización de unos nuevos estatutos en 1927, los vigentes en el año 2012, por otro lado inservibles a día de hoy, desfasados y obsoletos. En aquellos años, se modificó la vestimenta de los hermanos, sobre todo los componentes de la Junta de Gobierno, en 1945, añadiendo la capa blanca y un capirote alto morado en terciopelo, que no se encuentra reglado en sus estatutos, es más, la desaparición del libro de actas de la hermandad, deja sin constancia documental el acuerdo tomado.

En los vaivenes posteriores de la Vera Cruz desde mediados del siglo pasado, ha habido cuatro momentos destacados.

Cartel y portada revista Real Cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz. León,1998Uno es el comienzo de la realización de la procesión de la Virgen de la Amargura en 1990, que ha supuesto un alivio para las arcas de la hermandad, al ingresar un buen número de hermanos y hermanas desde entonces y así asentar la procesión del Santo Entierro los años impares.

El segundo tuvo lugar al ser otorgado el Título de Real Cofradía, el 17 de octubre de 1996, por ser el Rey Abad de Honor de la cofradía Minerva y Vera Cruz desde su nombramiento por parte de la Junta de Seises de la cofradía, el 14 de marzo de 1970.

El tercer hito destacado fue en la Semana Santa de 1998, cuando se decidió denominar a la cofradía como Real Cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz, que supuso un intento por recuperar específicamente la advocación Sacramental en la denominación de la hermandad, y reafirmar la vertiente penitencial recuperando el nombre completo de la cofradía penitencial fundada en el convento de San Francisco.

El cuarto y último, fue eliminar en el año 2000 la procesión de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, reduciendo la festividad a una misa, que éste año 2012 únicamente congregó a unos escasos 40 hermanos, fuera de su sede parroquial, cuando en 1999, entre la Junta de Seises, hermanos braceros del paso del Lignum Crucis, donde se exponía públicamente la reliquia de la Santa Cruz, y componentes de la banda de cornetas y tambores de la hermandad, llegaban a unos 200. Se preguntarán los lectores por la razón que llevó a los dirigentes de la hermandad a cancelar la procesión de la Cruz de Septiembre. Fue tan simple como decir que: “Es que no venia nadie a vernos”.

Confraternidad de hermandades de la Vera Cruz. http://www.confraternidad-veracruz.org/ 
Sorprendente es pensar que los hermanos de una cofradía en un acto público tengan que hacerlo o no en función de la expectación, como si ofreciesen un espectáculo que dependiese su supervivencia de la venta de entradas para un público que busca entretenerse una tarde de septiembre.

Si la respuesta hubiese sido que la procesión de la Exaltación de la Cruz de Septiembre no viene especificada como tal en los estatutos vigentes de 1927, lo podría asumir, que no entender, puesto que tampoco señalan la realización de la misa anual de difuntos, y se hace, o, lo que sí señalan es, que la carrera de la procesión del Viernes Santo, Santo Entierro, sea la seguida desde tiempo inmemorial, algo que siendo posible, no se lleva a cabo.

Así se utilizan las palabras tradición y costumbre de un modo contradictorio, porque llegan a extinguir y superponerse a la propia historia, porque ambas, al fin y al cabo, son aquellas que abarcan lo que la memoria recuerda, lo que se conoce de pequeño y lo que se ha oído o en ocasiones leído.

Emblema del abad de la Real cofradía de Minerva y Vera Cruz. León.
Sin embargo, y como vemos, a pesar de observar como las cosas cambian y pueden hacerlo, aunque no se hayan recopilado en su norma fundamental que son sus estatutos, la recuperación iconográfica de la Cruz en la emblemática de la hermandad y en sus fiestas no se ha llevado a cabo, salvo en el emblema del Abad, donde se matiza una leve Cruz punteada como fondo del distintivo sacramental.

Bien podrían los dirigentes de la hermandad de Minerva y Vera Cruz, uso la denominación jurídicamente correcta, para aprovechar el magno y prolongado proyecto de nuevos estatutos, iniciado allá por el año 2000, para reglamentar el nombre de la cofradía utilizado acertadamente desde 1998, el hábito de la Junta de Seises, recopilar las fiestas, misas y procesiones que han de hacerse y como, así como atender a la igualdad entre hermanos y hermanas, ajustándose al Derecho Canónico vigente promulgado por la autoridad de Juan Pablo II, Papa, fechado en Roma el día 25 de Enero de 1983, en concreto al Libro II, Parte I, Título V. 

Azulejado de la hermandad de Nazarenos de la Santa Cruz en Jerusalén, "El Silencio". Sevilla. Foto G. Márquez.Los hermanos y hermanas que somos al presente agradeceríamos así que se pusieran unas bases sólidas para asegurar la existencia de la cofradía de la Vera Cruz, que unida a la del Santisimo Sacramento de Minerva, debe contar con una norma escrita, detallada y extensa a fin de establecer un marco reglamentario preciso que reconozca su pasado y lo reinterprete como herramienta para crecer en años venideros en todos los aspectos.

En definitiva, “la Minerva” debe recuperar la Cruz, su Cruz, tanto en la emblemática como en su proyecto de futuro como cofradía, atendiendo a la caridad, abandonando tanta muestra de soberbia e ignorancia, respecto al común concepto contemporáneo de "todos sabemos de todo", haciendo la hermandad más participativa y más social, mirando al pasado para construir el futuro tomando la Cruz  como guía en sus procesiones y también en el camino de esperanza hacía el final de la procesión personal que llamamos Vida.

2 comentarios:

  1. Interesante artículo, una precisión, siendo Abad el Hno. Jose Antonio Cabañeros, yo propuse en Junta General, recuperar el recorrido antiguo (mas o menos ajustado al de los Cuatro Conventos), mi propuesta fue aprobada con la observación del Hno. Lopez Becker de que la Cofradía "Se equivocaba". El caso es que en aquel momento se adujo como razón que no se podia llevar a cabo por las obras existente en la plaza de Puerta Castillo, a fecha de hoy desconozco las razones por las que no se cumple el acuerdo de la junta general (soberana según dicen). La verdad es que me he propuesto volver a llevar el tema a la junta, pero mi familia me desanima, y sinceramente ¿Para que?. Si al final, simepre hacen lo que les da la gana.
    El tema de las hermanas es más sencillo. Basta con que lo presenten en forma en la junta. ¿A ver quien se atreve a decir que no?. Pagan religiosamente y como única razón se les da, simple y llanamente que no. Eso son razones. Si señor.

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  2. Muchas gracias. Yo también lo defendí posteriormente, en el año 2006. Se hizo una votación en Junta General y fue aprobada, con la condición que se organizara la procesión por el recorrido establecido en el año 2001 cuendo se adoquinara las calles de entre la Catedral y el arco de la carcel. El año pasado, 2012, envié un escrito a la Junta de Seises solicitando que para el 2013 se hiciera de éste modo, ya que se cumplian las condiciones. No solo no lo incluyeron el el órden del día para el conocimiento de los hermanos, sino que no le dieron paso y se negaron, diciendo que no se podía. Por otro lado, se incumple el articulo 76 de los vigentes estatutos donde se dice que la Carrera de la procesión del Viernes Santo sea la seguida desde tiempo inmemorial. En fin, esta cofradía, perdió su Cruz, y no está dispuesta a tomarla, y programar el futuro mirando y reconociendo su pasado. Respecto a las hermanas de la cofradía y por una cuestión de igualdad, tendran que decidir si quieren vestir un hábito de penitencia o ir como manolas detras de un paso, es así de sencillo, aunque TODOS los años hay mujeres con tunicas en el Entierro, pero no se las ve en la salida de la procesión. En fin. Gracias por tus palabras.

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